Paradigmas del mundo del tiro: una mirada objetiva

Hay afirmaciones en el mundo del tiro defensivo que se han vuelto paradigmas; “la mayoría de los enfrentamientos se dan en distancias menores a 3 metros”; “sólo se llega a disparar 6 tiros”; “en distancias cortas no se usan las miras”…

Casi en todos los foros, boletines y conversaciones aparecen estas afirmaciones, sobre todo en el campo civil que es el que nos ocupa hoy. Si bien es cierto que estas estadísticas han tenido un enorme poder de influencia en los conceptos de entrenamiento al darles una base objetiva sobre la cual partir, asumirlas como verdades absolutas sin tener idea de si son realmente aplicables a lo que enfrentaremos allá afuera puede ser contraproducente, sobre todo para el civil legalmente armado y el tipo de enfrentamiento que tendrá.

“la mayoría de los enfrentamientos se dan en distancias menores a 3 metros”; “sólo se llega a disparar 6 tiros”; “en distancias cortas no se usan las miras”… Nosotros decimos:

  • “No necesariamente”
  • “No siempre es lo más conveniente”

Con ánimos de agitar un poco el avispero y plantear una visión alterna, revisemos algunas y comparémoslas con lo que sucede actualmente.

La historia de las estadísticas

La mayoría de las afirmaciones se basan en un informe anual que publica el FBI llamado “Law Enforcement Officers Killed and Assaulted” que recoge los reportes de las agencias de policía en todo EE.UU. sobre oficiales que fueron atacados y/o muertos en acción. Estos reportes se generan desde 1996 y puede revisarlos en este enlace: http://www.fbi.gov/about-us/cjis/ucr/ucr

Desde sus inicios, estos informes han servido para adecuar los procedimientos, dotación y entrenamiento de oficiales de policía no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo. Dado que las actividades policiales son similares en todos lados, esta data ofrece un marco referencial útil a todos. Incluso han inspirado estudios similares en otros países, como el caso del nuestro donde se llevaron algunas estadísticas en el año 83 en el IUPOL aprovechando los cursos de Inspector Jefe y Comisario con una muestra de 110 casos analizados, según cita Fernando Arcaya en su libro “En Caso Extremo”.

El conjunto de estadísticas dibujó lo que podríamos decir es el arquetipo del enfrentamiento urbano para lo que la mayoría entrena:

El enfrentamiento será reactivo – defensor tomado por sorpresa – a distancias de 0 a 3 metros, en condiciones de baja iluminación y se dispararán un promedio de 3 a 6 disparos”.

A partir de afirmaciones como estas se han levantado algunos planteamientos de entrenamiento que se dan por aceptado:

  • Debe entrenarse en sistemas de tiro reactivo, es decir, desenfundes y tiros rápidos. Muchos meten aquí disparos desde la cadera o “tiro presidencial”.
  • Dado que el enfrentamiento será tan rápido no da tiempo de tomar miras, así que hay que entrenar en disparar sin verlas.
  • Como el enfrentamiento será en condiciones de baja iluminación, lo recomendable es que use miras de tritium (algo que no entendemos, ya que en el enunciado anterior dice que no usaremos miras).
  • Ya que disparará un máximo de 6 veces, no se necesita armas con gran capacidad de fuego (léase 15 o 17 tiros), ni matarse mucho preocupándose por llevar un cargador de respaldo.

La estadística contrastada: usted no es policía

 

Law Enforcement Officers Killed and Assaulted del 2004 reseñando los escenarios de riesgo más comunes para el policía

Law Enforcement Officers Killed and Assaulted del 2004 reseñando los escenarios de
riesgo más comunes para el policía

Lo primero que se debe tener claro acerca de esta data es que se basa en enfrentamientos policiales, no civiles. Cuando se cruza con otra estadística del informe que señala las situaciones en las cuales el funcionario cayó en el enfrentamiento, descubrimos que la mayoría de los incidentes se dieron en circunstancias como las siguientes:

  • Arrestos
  • Parada de vehículos
  • Abordaje de personas sospechosas
  • Atención de llamadas por disturbios (peleas, discusiones de pareja, borrachos, etc.)

En ningún sitio los informes señalan que el funcionario se enfrentó en el marco de situaciones típicamente civiles:

  • Defendiéndose de atracadores
  • Reaccionando ante un intento de secuestro exprés
  • En una riña callejera

Es cierto, cualquier civil que nos lea y que haya tenido enfrentamientos podrá pensar que aunque la estadística hable de reportes policiales, las situaciones que vivieron no se diferencian mucho en cuanto a distancia y reactividad. Pero ambas características son comunes en los enfrentamientos urbanos, sean policiales o civiles y no hay que perder de vista qué es lo que reporta el informe: un tipo específico de situaciones en las cuales un civil no se verá envuelto. Con esto en cuenta revisemos algunos conceptos.

Enfrentamientos de 0 a 3 metros ¿Le conviene?

En el marco de las situaciones policiales en las cuales el funcionario fue atacado, no es de extrañar que haya sido en distancias tan cercanas. Tanto en arrestos como abordaje de personas y vehículos las distancias son de interacción verbal, que fue lo primero que se estableció entre víctima y victimario antes de que reventara el enfrentamiento.

En estas circunstancias el policía se aproximó al sujeto, obligado por la naturaleza del procedimiento que cumplía. Otro dato curioso dentro de esta data que obvian muchos tiradores es que casi el 50% de los enfrentamientos arrancó con forcejeo, ya que las distancias eran de contacto físico. A estas distancias de contacto (0 a 1.5 metros aproximadamente) nosotros en la Escuela las llamamos Zona 1.

Veamos el lado civil.

Obviamente existen situaciones que revientan en violencia a distancias muy cercanas (Zona 1). La primera de ellas es durante una pelea que termina en tiroteo. Sin embargo, la riña no es no es precisamente el escenario de riesgo más común para un civil.

La otra situación, mucho más común, es durante un atraco y es donde sugerimos meter la lupa. Ciertamente cuando el defensor es abordado por un grupo de delincuentes las distancias son de interacción verbal y efectivamente hablamos de un enfrentamiento en Zona 1 ¿Pero es la opción más lógica o hay alternativas?

Al asumir que el ciudadano se defiende cuando es abordado lo hacemos partiendo de que cometió el error de dejarse llegar. Es decir, no se percató de las fases previas del atraco o las dejó pasar:

  • Atracadores buscando a quién abordar
  • Selección (cuando lo miran)
  • Aproximación
  • Abordaje

Atraco en proceso: note cómo transcurren las fases.

Y a menos que los atracadores le caigan con paracaídas o salten de un árbol, la mayoría tendrá que tomarse la molestia de acercarse hasta la víctima o, en el mejor de los casos, esperar a que llegue donde están ellos. Esto nos dice algo que venimos señalando desde hace algunos años: el atraco comienza cuando lo seleccionan y el abordaje es el clímax del proceso, no su inicio.

Visto desde el punto de vista estrictamente de distancias, podemos decir que un ciudadano medianamente alerta en su entorno puede conseguirse con dos tipos de enfrentamientos:

Tipo 1: No se percata de la aproximación y es abordado (Zona 1) gracias a una de dos opciones: 1) comete el error de perder manejo del entorno y lo toman por sorpresa o 2) Duda y deja que la aproximación continúe.

Tipo 2: Nota la aproximación y se defiende para evitarla. Esto va a pasar fuera de la Zona 1, en lo que llamamos Zona 2 (3 a 5 metros en adelante). Estas distancias pueden ser tan largas como el ancho de una calle de dos canales (10 – 15 metros) o el largo de un carro, dependiendo de qué tan temprano el defensor note la aproximación.

En los casos que tenemos registrado siguiendo la prensa a nivel nacional y relatos de nuestros asistentes, la inmensa mayoría de los defensores que fueron exitosos estuvieron en la Zona 2, mientras que la mayoría de las muertes ocurrieron en Zona 1. En resumen, los que fueron proactivos y evitaron que se les cerrara la distancia fueron los más eficaces.

Robo frustrado en Zona 2: los sujetos sentados son atracadores. Note cómo el defensor sentado al fondo (pared amarilla) repele la aproximación.

Desde hace años hemos venido comprobando este dato en escenarios a puertas cerradas y en los cursos de Combate cercano Extremo Fase 2. Una y otra vez vemos el mismo resultado: distancia, tiempo y posición de dominio en el entorno son los amigos de un defensor que es interceptado por 2 a 4 sujetos armados.

Esto por supuesto no significa que es improbable encontrarse en enfrentamientos en Zona 1 ¿Pero es lo que le conviene? Si revisamos el modus operandi de las bandas delictivas en Latinoamérica nos encontramos con variables espeluznantes: 2 a 4 sujetos armados que triangulan a la víctima en el abordaje ¿Es aquí donde quisiera usted defenderse? Probablemente no y quizás deba dedicar un tiempo a reforzar su capacidad de estar en Condición Amarilla y detectar riesgos a tiempo.

Muchos tiradores defensivos entrenan obsesivamente tiros a muy corta distancia – 0 a 3 metros -. La pregunta es ¿Si los ve venir desde la otra acera está preparado? ¿Qué tanto entrena en esas distancias? ¿Cuál es el planteamiento táctico que tiene para la Zona 2? ¿Cómo va a evitar que se le aproximen?

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Durante el Curso Combate cercano Extremo: Transición Mano – Arma. La combinación entre el uso de armas de fuego y combate cuerpo a cuerpo.

Defenderse en esta zona debería ser su plan de respaldo, no el principal. Lo contrario sería lo mismo que tener una fuga de gas en casa y salir a comprarse un extintor para sentarse a esperar que el sitio explote a fin de solucionarlo. Necesita los dos planes.

“La mayoría de los enfrentamientos se dan entre los 0 y 3 metros”… No siempre, ya que dependen de cuándo reacciones el defensor. Aún así, mientras más cerca más triangulado y más complejo será, así que tampoco es lo más conveniente de buscar.

Enfrentamientos reactivos

El informe del FBI nos habla de que muchas situaciones fueron sorpresivas y el defensor fue reactivo. Una vez más, no olvidemos a qué se refiere la estadística: oficiales atacados y asesinados en contextos muy puntuales: procedimientos rutinarios en donde se aproximaron a sujetos que en ese momento no daban señales de peligro.

Policialmente hablando podríamos tipificar dos tipos de enfrentamientos: aquellos a los que el funcionario llega sin saber lo que le espera y a los que llega sabiendo qué sucede – delitos en progreso, tiroteos, fugas, capturas, situaciones tácticas, etc.-. Según el informe, es en el primer tipo de situaciones en donde ocurren las muertes, ya que en el segundo tipo la incidencia es menor al 5%.

Estas situaciones al principio parecen rutinarias e inocuas, lo que en muchos casos provoca exceso de confianza por parte del funcionario que obvia procedimientos al sentirse seguro. Estos errores los aprovecha el sospechoso para tomar por sorpresa a su víctima con relativo éxito.

Analizando la data y especulando un poco, podríamos decir que los enfrentamientos policiales más peligrosos son aquellos que surgen de situaciones aparentemente rutinarias y que de entrada no dan señales obvias de peligro, lo que hace que el funcionario baje la guardia, sea tomado por sorpresa y deba REACCIONAR al intento del otro por agredirlo. De allí saldría lo de enfrentamientos reactivos, suponemos nosotros.

Enfrentamiento reactivo. Situaciones aparentemente rutinarias que terminan siendo letales. Sin embargo no es un tema civil. 

Veamos el lado civil.

El concepto de “Enfrentamiento Reactivo” en el mundo civil es un poco más escurridizo. Podríamos decir que por definición los enfrentamientos civiles son reactivos, ya que tienden a darse cuando el defensor reacciona al peligro inminente o real, es decir, al intento de un tercero de hacerle daño.

Sin embargo el concepto reactivo es muy distinto al del policía que es emboscado para que no pueda usar su arma o pedir apoyo. A menos que hablemos de un sicariato o un “Active Shooter” en donde el ciudadano es tiroteado sin aviso, empíricamente hablando la mayoría de las situaciones de riesgo civil hay una interacción previa que deja muy claro el riesgo, piense en la discusión que antecede a una riña o las amenazas de un atracador, por citar algunos ejemplos.

El asunto aquí no es “ser reactivo” – ceder siempre la iniciativa – , sino CUÁNDO reaccionar ante un enfrentamiento que no se quiso ni se buscó. Sobre este aspecto escribíamos en un artículo anterior llamado “Los Cuándo del enfrentamiento armado”. Una vez más, la experiencia obtenida mediante el análisis de casos y su reproducción en escenarios nos ha dejado la misma moraleja:

El que tiende a ser más exitoso es aquél capaz de retomar la iniciativa y poner a los agresores en modo reactivo, desbaratándoles el plan de abordaje o agresión”.

Ojo con algo, el concepto del CUÁNDO retomar la iniciativa no necesariamente significa hacerlo lo antes posible, sino hacerlo en el momento oportuno. Algunos ejemplos:

  • Nota la aproximación de delincuentes hacia usted, toma cobertura y los intercepta antes de que se acerquen.
  • Abordado y triangulado, espera el mejor momento para tomarlos por sorpresa.

Trabajo de escenarios para el enfrentamiento en Zona 2: retomando iniciativa. Combate Cercano Extremo: El defensor camina hasta el vehículo cuando se le acerca la moto con dos atracadores. Un tercero aguarda en la calle del otro lado. Logra impactar al parillero en la cabeza aproximadamente a 15 metros con una moto en movimiento mientras corre a cubrirse. El tercer cómplice está fuera del ángulo de cámara – se le escucha gritando “Quieto…” -, pero se le hacía imposible acercarse sin ser impactado por el defensor cubierto, así que abandona.

Toda situación de agresión tiene lo que llamamos en la Escuela un Punto de Quiebre, momento en el cual se inicia el daño físico – tiros, golpes, puñaladas, etc. -. Obviamente, mientras más temprano se actúe antes de que ese Punto de Quiebre llegue, menos dejaremos que se desarrolle el proceso y los agresores se asienten en su juego, teniendo más chance tiene de sobrevivir. Es mejor decidir nosotros el Punto de Quiebre que esperar a que lo decida el otro.

Trabajo de escenarios para el enfrentamiento en Zona 1: retomando iniciativa. Simulando el abordaje en posición de desventaja, ambos delincuentes quieren entrar con el defensor a su casa, cuya misión es evitarlo ya que adentro está su familia. El defensor está triangulado por ambos agresores y debe buscar el momento adecuado para actuar. Aprovecha un descuido del cómplice para desviar el arma del más cercano y atacar. Recibe una herida menor en la pierna, un agresor con herida letal y el cómplice ileso. No es fácil jugársela aquí. 

Así pues ¿Todos los enfrentamientos civiles son reactivos? No necesariamente, ya que depende en qué momento el defensor note el intento de agresión y actúe frente a ellos ¿Le conviene ser reactivo? Realmente no, mientras mantenga la iniciativa los otros estarán un paso por detrás de usted. Sin embargo, su entrenamiento debería contemplar el “fallo” – reaccionar tarde – como plan de respaldo.

Condiciones de baja iluminación y uso de miras

Dentro del mundo civil, a menos que usted sea el Rey de la Noche o su trabajo implique moverse a horas tardías por la ciudad, el ciudadano común cumple su rutina diaria en un horario laboral estándar, donde la única oscuridad a la que se expone es cuando llega a su casa en horas pico.

Si contrastamos esto con dos de las estadísticas de victimización que señalan: 1) la mayoría de los hechos delictivos le ocurren al ciudadano estando en la calle y 2) La mayoría sucede en las horas pico, lo más probable es que lo que le suceda lo agarre a pleno día o con la suficiente luz ambiental como para diferenciar a su esposa del delincuente.

Obviamente, la probabilidad de que le sucedan cosas peligrosas crece a medida que se meta más en la noche, por la simple razón de que el delincuente tiene menos gente para elegir y cuenta con la soledad que ofrecen las horas tardías. Aún así, a menos que usted pase la noche rodeado de desconocidos, en casas extrañas, bares, rodando en vehículos oscuros, en zonas en penumbras o terrenos baldíos – situaciones típicas de enfrentamientos policiales nocturnos – el tema de no ver o identificar quién es quién no es muy común.

¿Significa esto que debe obviar el trabajar en condiciones de baja iluminación? No, pero también es su plan de respaldo.

En la calle no se llegan a usar las miras”, pero no necesariamente significa que no las necesite

Esta afirmación no sale en el informe del FBI sino en algunos estudios que analizaron el desempeño de oficiales de policía en situaciones reales y controladas. En nuestro artículo “Lo que mires decide tu destino en un enfrentamiento” hablábamos de algunos.

Los estudios señalan que en condiciones de estrés suceden dos fenómenos que juegan en contra de una correcta visualización de las miras:

El foco visual se concentra en la amenaza inmediata, el agresor, haciendo difícil reenfocar en otra cosa que no sea la fuente de peligro, como por ejemplo verificar la alineación de miras.

La dilatación de las pupilas dificulta la percepción de detalles y cosas pequeñas como el alza y el guión.

La presencia de este fenómeno y qué tan intensa sea su influencia depende de los niveles de estrés que el sujeto tenga en el momento. Mientras más tenso, mayor será la incidencia de ellos. Al respecto hay varios estudios como los de Bruce Siddle, por citar algunos.

La presencia recurrente de este fenómeno, combinado con el otro paradigma de distancias cercanas de 0 a 3 metros, hizo que alguien concluyera que en la calle no es necesario usar miras y así, de la mezcla de dos datos, nació el paradigma de las miras. Lo curioso es que hasta ahora no hemos visto quitarle las miras de su pistola a ninguno de los defensores de esta idea. Si no hacen falta las miras ¿para qué llevarlas entonces?

Existe un montón de formas de apuntar sin depender exclusivamente de ver nítidamente alza y guión, pero no son tema de este texto. Lo que sí nos ocupa es qué tan eficaz vamos a ser si nos ponemos a disparar en la calle obviando las miras sin tener el nivel de experticia adecuado para hacerlo.

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Aprendiendo a disparar con Cono Visual: Durante el Curso Técnicas Base de Tiro los participantes deben desenfundar y disparar al sector amarillo del blanco con un apenas una confirmación periférica de miras. Note los tiros errados alrededor de la zona. No es tan fácil como se cree.

No obstante, nuestros asistentes también aprenden dos conceptos importantes:

  • Hay una relación directamente proporcional entre qué tan preciso necesitamos ser y el uso de las miras. Mientras más lejano o pequeño el blanco, más dependemos del alza y el guión.
  • Depender menos de las miras implica ser un tirador cada vez más experimentado. La dependencia de las miras para atinarle a algo es una relación inversamente proporcional: mientras más experiencia y nivel se tenga, menos se necesita confirmación visual de la alineación de la pistola respecto al blanco.

Si el ciudadano que debe defenderse tiene nivel Novato – de hecho el nivel más común en los ciudadanos armados -, puede tratar de dispararle a un agresor a 3 metros sin usar miras y lo seguro es que más del 60% de los impactos no le den o al menos no impacten en zonas de incapacitación inmediata. Sobre este fenómeno de “intercambiar sin pegarse” a menos de 3 metros hay montones de casos documentados en todo el mundo.

Poniendo en marcha el plan. Esta vez para detener la aproximación de delincuentes que tratan de abordarlo y no dejarse rodear. Toma hecha durante el Curso Combate Cercano Extremo: Aproximaciones

Trabajo de escenarios para Puntos de Quiebre. Atraco bajo la mirada del monitor de escenarios (izquierda). Defensor (casco blanco) va caminando por el pasillo cuando dos atracadores (cascos negros) lo abordan con sus armas ocultas bajo la franela. Si el participante no maneja bien procedimientos desenfundan y atacan. Aquí los enfrentamientos se dan a menos de tres metros. Aunque no lo crea, en este escenario muchos participantes no logran impactar a nadie.

Ciertamente muchas personas se olvidan de las miras, algo que vemos mucho en escenarios. Pero también es cierto que muchas de las personas que lo hacen tienen una tasa de impactos sobre el agresor menor al 10% en distancias cortas. Sólo aquellos tiradores de nivel medio y avanzado consiguen una tasa mayor de impactos en escenarios usando cono visual. Si quiere saber cuál es su nivel, en nuestro artículo El Síndrome del Nivel Avanzado hay unos test de tiro que puede hacer.

“En la calle no se usan miras”, pues depende de a qué necesite dispararle y de su capacidad como tirador.

Tres a seis tiros”

Cuando se menciona esa estadística algunos se olvidan decir que fue en la época en la que aún muchos policías usaban revólver, así que no es de extrañar los seis tiros. Ahora bien, si se combina ese dato con el otro de las distancias de enfrentamiento y lo reactivo, que un policía sorprendido le suelte seis tiros a un agresor a menos de tres metros puede ser bastante.

Partiendo de que son enfrentamientos policiales a distancias cortas, el que el promedio sean seis tiros lo que indica es lo explosivo y rápido que son, no lo fácil que será para usted ya que sólo necesitará la mitad de un cargador para resolverlo, que es lo que muchos piensan.

Luego de seis tiros una de dos cosas pasan: o cesó la amenaza porque el defensor logró colocar los impactos o no pudo pararla y se quedó en el intento. Esto lo hemos visto también en escenarios tanto policiales como civiles, cuando colocamos un cargador con 15 tiros y al final del ejercicio hacemos conteo de cuánto quedó: generalmente el participante gasta la mitad sólo en el agresor más cercano.

Veamos el lado civil.

Metiendo el ojo en las estadísticas de victimización encontramos que el escenario de riesgo más común para el ciudadano venezolano es el robo a mano armada, modalidad involucra de dos a cuatro atracadores.

Si extrapolamos la estadística y estimamos seis disparos sólo en uno de los agresores pues… Calcule cuánto necesitaría si los cuatro se quedan a pelear. Pero en términos reales tampoco es así, aunque necesitará más de lo que carga un revólver, tampoco necesita llevar tres cargadores de 33 balas.

En nuestros estudios hemos encontrado dos aspectos interesantes que vinculan la cantidad de impactos con el momento en que reacciona el defensor a un intento de atraco:

A mayor distancia menos impactos. No sólo porque el defensor es más recatado y evita fallar por el tema de los inocentes, sino además porque cuando los delincuentes son interceptados de lejos y uno de ellos cae, el grupo generalmente tiende a replegarse y los tiros son más por frustración que por motivación real a dar en el blanco. Meterse en un tiroteo de día en plena calle es arriesgarse a que llegue la policía, por lo que la amenaza tiende a cesar rápido si no se concreta el abordaje. Esto por supuesto está condicionado a factores como soledad y anonimato en el sitio, lo que influye en que la banda pueda o no actuar a sus anchas sin temor a que se les complique el atraco por la llegada de terceros. Mientras más soledad, más probable que se queden a dar pelea.

Más cercano, más impactos. Esto lo vemos en ambas partes, del lado del delincuente vemos ensañamiento y apoyo del cómplice para abatir al defensor cuando el enfrentamiento es cercano. La estadística nos señala que el defensor puede llegar a recibir hasta 15 impactos en Zona 1 a manos de dos atracadores furiosos.

Del lado del defensor notamos que aquellos que disparan hasta que cese la agresión, generalmente en secuencias rápidas de cinco o más impactos donde TODOS llegan a su blanco sectorizados en áreas de incapacitación, tienden a detener la amenaza. Esto obviamente debido al efecto terminal que tal concentración de fuego tiene en el cuerpo con munición y calibres de uso común en el país.

Esta tendencia, que algunos llaman “Surgical Speed Shooting”, o la capacidad de concentrar fuego de forma rápida sobre un sector del cuerpo, es una modalidad defensiva que cada vez tiene más auge, ya que reconoce que ante la urgencia de detener una amenaza que no cesa es necesario concentrar fuego en ella de manera rápida y precisa.

Entrenando secuencias rápidas. Los primeros cinco tiros entraron a la zona del pecho en 1 segundo. La cosa en la calle puede llegar a ser más rápida y explosiva de lo que cree.

Esto, debemos aclarar, no significa que apoyemos políticas de ensañamiento o gatillo alegre. Simplemente reflejamos los hallazgos que hicimos basados en el análisis de la data que hemos recopilado con el seguimiento de casos entre nuestros asistentes y los aparecidos en prensa, lo que documenta nuestro sistema de entrenamiento de tiro defensivo y la razón por la cual nuestros asistentes aprenden secuencias rápidas en distancias cortas.

Basados en la probabilidad de que un ciudadano legalmente armado en el marco de un atraco deba impactar hasta seis veces sobre una amenaza que no cesa y tenga el riesgo de tener que lidiar con al menos un cómplice, quizás deba disparar un poco más de seis balas. Sume a esto otras ideas estrambóticas que surgieron de ese dato como sólo llevar un cargador y pregúntese cómo haría para resolver una mal función o hacer una recarga táctica en la postcrisis.

Seis tiros… Quizás no sea suficiente.

Lo que es bueno para el pavo, no necesariamente es bueno para la pava

Así dice un refrán popular venezolano. Extrapolar estadísticas en temas tan sensibles como situaciones de vida o muerte no siempre es buena idea. Antes de asentir con la cabeza en silencio ante una afirmación dogmática, es mejor revisar la fuente original, reflexionar un poco si se ajusta a sus circunstancias y luego experimentar un poco a ver qué pasa o leer los hallazgos de los experimentos de otros.

Si funciona, incorpóralo. Si no te funciona, deséchalo y sigue buscando. Nadie ha sobrevivido a una crisis por repetir como mantra un dogma que alguien dijo, sino por su capacidad y destreza. Al final no es la vida del experto sino la tuya la que estará en la línea, así que no temas poner cosas en duda.