Ataque primero

Atacando primero durante el Curso Enfrentamientos de Calle: Ataques Preventivos

Atacando primero durante el Curso Enfrentamientos de Calle: Ataques Preventivos

Algunos por ética marcial, otros por temor a represalias y hay quienes no lo hacen porque simplemente no se han dado cuenta de que están en una pelea hasta que reciben el primer golpe.

Atacar primero es una de esas verdades de oro que lamentablemente se pierden en el mito de la pelea en la calle. Influenciados por el deporte, las películas e incluso lo que nos dijeron en casa sobre ser caballeros, terminamos por desechar uno de los conceptos tácticos más importantes para remplazarlo por una serie de actitudes peligrosas.

Algunas de esas actitudes que es bueno para la salud superar:

Pelear como un caballero: Por motivos de ética o caballerosidad nos respondemos engañosamente que no atacaríamos a traición y que respetamos el “Duelo” entre el agresor y nosotros. Pero si probamos este principio en la calle recibiremos como respuesta un par de buenos golpes, eso sin dejar atrás el riesgo de una puñalada o inclusive un tiro, cosa muy común hoy en día.

La razón de esto está en el principio de que “la acción le gana a la reacción”: si espera a que el otro inicie la acción de atacarlo, estará reaccionando y por ende estará un paso atrás. A pesar de que pueda tener reflejos de gato, recuerde que las peleas en la calle no necesariamente empiezan con los puños arriba o que el agresor tendrá la cortesía de advertirle que va a atacar.

Pelear en igualdad de condiciones: Parte de la idea de pelear como caballeros es también hacerlo en términos de igualdad de condiciones (mano-mano, arma-arma, etc.). El problema de dejar la “igualdad de condiciones” a la iniciativa de su agresor es que no depende de usted escalar el conflicto, por lo que el enfrentamiento le puede explotar en la cara transformándose de un simple intercambio de bofetones a una pelea armada que lo tome por sorpresa.

Aún respetando el concepto legal de proporcionalidad, no puede negarse que la calle ofrece un arsenal de armas: botellas, palos, mesas, sillas, piedras, vidrios, y un sin fin de herramientas que con buena imaginación e instinto de supervivencia llegan a ser letales. La pregunta es ¿Quién las aprovechará primero?

Pelear como lo hacemos en el gimnasio: Pensar que el hecho de que un artista marcial con años de trayectoria va a resolver un conflicto callejero a punta de bloqueos, contraataques, encadenamientos de golpes, desarmes y demás técnicas, es un poco fantasioso para mi gusto.

Esperar a ser atacado es entregar la iniciativa y llevar la pelea por caminos que no sabemos donde terminarán.

Imagínese esperar a que lo ataque un loco que pesa 30 kilos más que usted y que arremete como un toro a puño limpio, con un arma blanca o de impacto, súmele la muy latina tendencia de atacar en grupo y trate de visualizarse esperando a que cuatro sujetos se le vengan encima al mismo tiempo.

Confiar en técnicas mágicas de “un solo golpe” para contener la agresión: Creer que podemos neutralizar a un sujeto con un solo golpe al tabique nasal o una patada en los genitales es absurdo, el cóctel químico que produce una persona en un momento de ira es demasiado alto como para permitir que caiga fulminada al primer “Golpe de la muerte”.

Por el contrario, una vez que el individuo ha iniciado su ataque, estaremos expuestos a recibir impactos por todos los ángulos posibles y mucha probabilidad de caer al suelo en medio del caos.

La razón está en el hecho científico de que la mano viaja a 0,16 segundos al buscar impactar el blanco y 0,8 segundos al replegarse, lo que quiere decir que si tiene un cuchillo en la mano tendremos como promedio unas cuatro o cinco puñaladas en el transcurso de un segundo, y lo peor es que durante ese segundo nosotros aún no nos habremos movido porque nos han roto nuestro ciclo O.O.D.A.

Como practicante de las artes de combate he tenido la oportunidad de poner esto a prueba mediante escenarios en los cuales mis compañeros buscan rodearme (la típica rueda de pescado) y atacarme primero desde diferentes ángulos, con armas y sin ellas. El resultado es entristecedor, siempre seremos blanco de por lo menos unos cuantos golpes y patadas, cosa que en la vida real nos puede costar unos puntos de sutura, huesos rotos o inclusive, una parcelita en los terrenos altos del cementerio.

A partir de la mala experiencia muchos ponen en tela de juicio la efectividad de lo que hayan aprendido. Pero esta no es la respuesta a nuestras frustraciones, sino mas bien revisar la forma en que hemos aprendido lo que sabemos (aplicabilidad).

Creer que todas las peleas pueden evitarse o llevarse a finales no violentos: El ciudadano común es una persona decente que normalmente no cuenta con el entrenamiento adecuado para lidiar con situaciones de conflicto callejero, por lo general no tiene las condiciones físicas, disposición mental ni está lo suficientemente acostumbrado a la violencia como para enfrentarse en un combate cerrado con uno o más agresores, menos si los mismos están armados.

La preocupación, por demás sensata, de los riesgos a que conlleva una situación violenta nos ha llevado a tratar de evitar altercados peligrosos y, si se ocurren, tratar de resolverlos por las buenas. Esta táctica de “Evitar y Conciliar” tiende a dar buenos resultados la mayoría de las oportunidades, pero a veces es un paño de agua tibia.

Evitar y Conciliar implica hablar en un código no violento para convencer a una persona violenta. El éxito de esto depende más de la voluntad del agresor de ser convencido que de sus ánimos de conciliación.

Cuando la persona “se pega” tercamente en esa táctica, es muy posible que esté perdiendo de vista que ya la pelea se inició y que el primer golpe la tome por sorpresa.

Ciertamente es sumamente arriesgado que intente desafiar a los delincuentes solo para no dejarse quitar la cartera y el celular, retar al chofer de autobús que carga un bate o un machete bajo su asiento y de paso anda acompañado, o recordarle la madre al taxista caraqueño promedio, el cual lleva una pistola consigo.

Pero hablando de realidades, es posible que usted en algún momento de su vida se tope con algún personaje violento y tenga que enfrentarse bien sea por hacer valer sus derechos o porque no tenga otra salida que apretarse los pantalones y echarle pecho a la situación. Recuerde, en un altercado con probabilidad violenta el chance de ser agredido a pesar de no resistirse es de alrededor de 30%, si usted cae entre los desgraciados que le tocó esa cara de las estadísticas, atacar primero resuelve mejor las cosas.

El ataque preventivo

Atacando preventivamente durante el curso Protección Personal para Mujeres

Atacando preventivamente durante el curso Protección Personal para Mujeres

¿Cuál es la solución ante uno o varios agresores dispuestos a lastimarnos? ¿Atacamos primero? ¿Corremos? ¿Tratamos de negociar? La respuesta va a depender del momento, entorno, número de atacantes, acompañantes nuestros (esposa/o, hijos…), lugar, nuestra capacidad física, e inclusive, hasta nuestro estado anímico. En todo caso, como regla general atacar primero surge como opción cuando:

  • No pudo evitarse el conflicto
  • No hay capacidad de huir
  • La situación llegó a un punto de no retorno que imposibilita una salida pacífica

La Escuela de Protección Personal trabaja esto en base a los “Ataques preventivos”, que no son más que atacar antes de ser atacado. No se trata de inducir a la violencia, sino de minimizar el tiempo de interacción entre el agresor y la victima: cuanto mas tiempo usted esté cerca de ese sujeto violento, mas riesgo correrá de perder las ventajas sobre el terreno.

Recuerde, si usted rompe el ciclo O.O.D.A del victimario, podrá entonces darle la vuelta a la moneda y tornar la situación en favor propio.

¿Y como romper el ciclo? Pues, golpee primero. Muy cierto es el dicho que reza: “El que golpea primero, golpea dos veces”. Al golpear primero usted está utilizando el factor sorpresa. Yo particularmente tuve que usar ese factor en varias oportunidades en la calle y me di cuenta de lo favorable que es atacar primero, los agresores ni siquiera pudieron defenderse, arremetí con todo y pude huir, todo en menos de 10 segundos.

Atacar preventivamente no sólo pone el factor sorpresa de su lado, sino que además minimiza el tiempo que pasa en la zona de conflicto facilitando la huída. Tenga en cuenta que el contexto de la calle es algo muy complicado; el entorno es libre; está lleno de armas; puede tener dificultades como la topografía (suelo irregular, inclinado, resbaloso, con piedras y otros impedimentos para una buena estabilidad corporal y desplazamientos rápidos); condiciones de baja iluminación que imposibiliten detectar otras amenazas, rutas de escape comprometidas y cómplices que vuelvan más escabroso el asunto ¿Para qué quedarse allí?

Transición al espray leugo del ataque preventivo. Desarrollo de escenarios.

Transición al espray leugo del ataque preventivo. Desarrollo de escenarios.

Otras ventajas del ataque preventivo son las siguientes:

  • Compra tiempo y distancia para desenfundar o hacerse con un arma
  • Facilita tomar posiciones de dominio en el entorno
  • Crea colapso entre un grupo de agresores

El ABC del ataque preventivo: “ Cuídate de caer en una pelea, pero si lo haces, haz de que el adversario se cuide de ti ”

Esta frase lo dice todo, cuando se vea envuelto en el combate actúe con todo, use todo su cuerpo para golpear: codos, puños, piernas, cabeza, hombros, rodillas…No deje espacio de respuesta del agresor, minimícelo rápido y salga de ahí cuanto antes, no caiga en el error de quedarse pegado rematándolo en el suelo a menos que no tenga otra opción (en un ascensor por ejemplo).

No es la intención de este artículo enseñar técnicas de golpeo ni “secretos” para matar al adversario, se trata de recordarle que si se encuentra en una situación violenta en el punto de no retorno, por favor, ataque primero con lo que tenga a mano y con todo.

Algunas consideraciones de orden técnico

Use lo que tenga a mano: Suena a padrenuestro de recluso pero es lo más sensato dentro de una situación donde su integridad está en peligro.

“Atacar con lo que tenga a mano” no es más que utilizar lo que su mente dicte para voltear la escena en favor suyo, por ejemplo: un golpe de puño, meter el dedo en los ojos, partirle el celular en la cara, pegarle con las llaves, etc.….

¿Violencia extrema?, pues yo creo que es preferible una de esas reacciones a tener que contar luego en la clínica como nos partieron la cabeza sin ni siquiera acordarnos bien de lo que pasó en realidad (parte del efecto post-crisis es la pérdida de la memoria inmediata).

Prefiera la cara: En la cara existen puntos llamados “switches” del cuerpo como la quijada, la barbilla y el oído, además del cuello que es una zona muy frágil. La nariz y los ojos son muy delicados y de poca tolerancia a los impactos. No se conforme con dar un solo golpe a menos que tenga la suerte de noquear, trate por lo menos de golpear dos o tres veces para asegurar foco y daño. Evite golpear a la boca porque esta tiene la desventaja de que al estar abierta nos puede dañar los nudillos con los dientes (lo digo por experiencia propia).

Incluso con personas que llevan un casco, atacar la cara las obliga a retroceder y las coloca en “modo de huída”. La cabeza es el centro de comando del cuerpo y es lo primero que se protege cualquier persona que es agredida. Esta protección instintiva transforma al sujeto en alguien reactivo, incapaz de ver qué sucede (tiende a cerrar los ojos y voltearse), deja descubiertas zonas del cuerpo vulnerables y además tiende a retroceder, lo que hace que se caiga.

Ataque explosivamente y de forma continua: Una vez que inicie el ataque tiene que ser de una manera relámpago. Independientemente de que usted sepa pelear o no, esto le dará una alta probabilidad de huida. A más velocidad, más capacidad de hacer daño y menor capacidad del agresor de cubrirse o evitar la embestida. Visualícelo como una bala, la alta velocidad a la que viaja hace que pueda penetrar lo que se le atraviese y es imposible esquivarla, pues así deberá comportarse usted (el instinto de supervivencia nos hace rápidos).

Muévase en diagonales: Recomendamos avanzar hacia adelante en diagonales, siempre evitando enredarnos y que nos sujeten por la ropa o el cuerpo. Este tipo de desplazamiento, unido al avasalle del ataque, tiende a generar reacciones instintivas de protección y huída que la mayoría de las veces acaban con el equilibrio del agresor.

Lidiando en el piso con alguien más fuerte o más técnica. Algo que se aprende rápido es a salirse, o si se complica, accder a un arma. Curso de Navaja Táctica, técnicas desde el suelo.

Lidiando en el piso con alguien más fuerte o con más técnica. Algo que se aprende rápido es a salirse, o si se complica, acceder a un arma. Curso de Navaja Táctica, técnicas desde el suelo.

No se vaya al piso con su adversario: Crear desequilibrio en su agresor es un punto importante, pero debe evitar a toda costa irse con él al suelo debido a que pierde movilidad y control del entorno. Por regla general el combate de calle tiene una alta tendencia de terminar en el piso debido a que en medio del caos nos preocupamos tanto por pegar duro y seguido, que dejamos a un lado el trabajo de desplazamientos y estabilidad corporal ya que siempre tendemos a avanzar en línea recta.

Al actuar así recuerde que el agresor por instinto y desesperación buscará aferrarse a usted llevándoselo consigo al momento de caer, o usted mismo tomará la iniciativa de llevarlo al piso por la misma razón de querer verlo acabado. Esto es algo psicológico, tenemos la tendencia de creer que solo viendo a la persona en el suelo ya está neutralizada y no es así necesariamente, un par de buenos golpes dados con determinación y acompañados de una postura corporal segura pueden minimizar tanto física como mentalmente al sujeto.

Retírese de la zona si es posible: La mayoría de las veces el ataque preventivo acaba con la capacidad física y la voluntad de hacer daño en el agresor. Pero si no es eficaz tiene el efecto contrario: lo encabrita aún más o invita a los cómplices a unirse a la pelea. Por eso es absolutamente indispensable salir del lugar mientras sea posible. No hay nada peor que un sujeto violento víctima de un “golpecito al pecho”, eso empeora el panorama. Golpear duro y huir es una fórmula sencilla pero eficaz.

El riesgo del ataque preventivo

No existen fórmulas mágicas en la calle. La capacidad de adaptarse a distintas situaciones y contextos es lo que determina su tasa de supervivencia y el ataque preventivo no es la excepción.

El ataque preventivo es sólo una parte del manejo general de la situación y no sirve de nada si no tiene un esquema táctico que le permita resolver algunas cosas básicas como:

  • ¿Cómo darse cuenta de que llegamos a un punto en el cual se debe atacar primero?
  • ¿Cómo atacar primero evitando que el agresor (o los agresores) frustren el intento?
  • ¿Qué secuencia de ataque es la mejor para lograr el objetivo?
  • ¿Cómo evita el forcejeo natural que lo llevará al piso?
  • ¿Qué va a hacer después de atacar?