¿Confía en su entrenamiento?

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La muerte de funcionarios policiales comienza a incrementarse a ritmos alarmantes en un país en el cual, por tradición, había un temible respeto hacia el uniformado. El policía comienza a descubrir que su entrenamiento va más allá de lo operativo y comienza a influir fuerte en su factor de supervivencia. Algunos problemas que vemos en entrenamientos tradicionales, planteados como aportes para una discusión que esperemos no termine.

Primer problema: la mentalidad “todos me obedecerán”

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Si usted piensa que esto es sólo un síndrome de civiles, tenga presente que en el 2003 la resistencia a la autoridad en Venezuela se incrementó en 75% y que mundialmente se maneja la cifra de que el 3% de las personas atacarán a un funcionario con o sin un plan previamente trazado (regla 97/3 de Blauer).

Resulta alarmante encontrar cómo en los entrenamientos tanto para civiles como para funcionarios de seguridad, el tema de la victimización se aborda simplemente con una lista de tips preventivos sin profundizar en la responsabilidad personal frente al tema de la seguridad. Mientras no se aborde este tema, simplemente estaremos entrenando a víctimas con pistola y/o uniforme.

Segundo problema: culto a lo irreal en el cuerpo a cuerpo

Las situaciones de calle tiende a darse en distancias muy cortas, en las cuales prevalece el cuerpo a cuerpo. Aquí los entrenamientos tienden a presentar varios problemas:

En situaciones de estrés éstas son precisamente las que caen, dando paso a las llamadas destrezas gruesas que son las que controlan músculos esqueléticos grandes – que nos permiten correr, jalar, empujar o golpear -. Esto significa entre otras cosas que nos volvemos seres absolutamente torpes.

Súmele a su torpeza otros síntomas característicos como; falta de aire, visión de túnel y dificultad para ver a más de 1.5 m, incapacidad de razonar, reacciones instintivas ante la sorpresa (aquellas más naturales como cerrar los ojos, protegerse con los brazos, voltear la cara, etc.) y reboot mental (nos quedamos en blanco algunas milésimas de segundo tratando de entender qué nos sucede).

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Desconocimiento de la Psicología del Combate: Otro elemento fundamental aquí es el estado mental. Cuando usted sabe que va a enfrentar una situación violenta, se enciende una especie de interruptor que lo prepara mental y físicamente para el enfrentamiento y es aquí cuando puede hacer gala de su entrenamiento.

El problema es que la mayoría de las veces el último en enterarse que está en un enfrentamiento es usted (el que lo sabe primero es el agresor que ataca repentinamente). Esto trae dos consecuencias: el fenómeno del “Split Second” (bloqueo e indecisión ante la sorpresa) y la reacción instintiva antes que la técnica.

Desconocimiento del patrón de ataque: Si le preguntamos a cualquiera cuántas formas existen para atacar a otra persona seguramente hará una lista de 15 o 20 ataques de lo que supone podría suceder. Créalo o no pero la mayoría de los sistemas de defensa personal construyen su técnicas basados en suposiciones de lo que podría ser, pero no de lo que realmente sucede. Esto supone un desconocimiento total del formato de enfrentamiento que una persona se encontrará en la calle.

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En otros casos, se heredan formas de ataquen que datan del siglo XV cuando a la gente la atacaban con espadas. Estadísticamente está demostrado que existe un máximo de 3 a 5 formas distintas de atacar que prevalecen sobre otras dependiendo de si el agresor porta un arma o no.

Pregúntese usted quién es capaz de tomar semejante decisión en 0.16 segundos, que es lo que tarda un brazo en estirarse y alcanzar su objetivo. Hay un principio que dice: “hay mayor cantidad de opciones el tiempo de decisión se incrementa proporcionalmente”. El resultado: un bloqueo total, colapso mental y desesperación que pueden terminar en uso ineficaz o excsivo de la fuerza.

En estas situaciones la víctima “peleará” más que “disparará”, incluso para poder desenfundar su arma. ¿Cómo manejarse dentro del clinch? ¿Cómo retener el arma si tratan de quitárnosla? ¿Cómo ganar una distancia prudente para poder emplear el arma? ¿Cómo intentar un desarme y emplear el arma obtenida? A parte de una que otra técnica aislada éstas son sólo algunas preguntas que llenan la laguna entre lo que debería ser un sistema completo de transición entre el cuerpo a cuerpo y la fuerza letal.

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Entrenamiento incompleto y descontextualizado: La mayoría de los entrenamientos llegan hasta el aprendizaje del movimiento, es decir, ese momento en que usted repite 100 veces la misma técnica con un compañero colaborador. Sin embargo, esto es sólo el 50%, la otra mitad la aprende mediante escenarios.

El currículo del instructor: Con excepción de varios profesionales que han profundizado en el estudio del Close Combat, todavía seguimos contratando atletas para que nos enseñen a manejar enfrentamientos de calle. Una cosa es ser un excelente peleador y ganar torneos y otra enseñarle a la gente cómo sobrevivir.

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Tercer problema: Ausencia de desarrollo de destrezas alternas

Habilidades para detectar momentos de peligro, medir el impulso violento de una persona, técnicas de desactivación verbal, principios de uso de la fuerza, evasión y evaluación de momentos de riesgo, son todavía términos extraños en nuestro país. Lamentablemente, son precisamente estas destrezas las que pueden decidir un desenlace exitoso.

Cuarto Problema: ausencia de continuidad en el entrenamiento

Por lo general la última sesión de entrenamiento que tiene el funcionario promedio data de cuando estaba en la Academia, en el caso del civil cuando tuvo el dinero para pagarla. En este campo, lo que no se entrena se olvida en un lapso de 4 a 6 semanas. Si el entrenamiento periódico no se transforma en un compromiso personal y/o en una exigencia de la institución a la que pertenece, difícilmente podamos acusar a personas como Juan de haber cometido errores al tratar de salvar su vida.