Detectando peligros en la calle (parte I): cosas que sabotean

Amanecer cualquiera en esta ciudad de locos: dos horas de cola, noticias de radio y desesperación absoluta por el retraso de camino al trabajo. Jorge nota a los dos tipos que se fijan mucho en su carro desde la acera, pero entre el aburrimiento y el hambre lo deja pasar sin pensar mucho en ello, como esas sombras que a veces se ven de reojo y ante las cuales los supersticiosos prefieren hacerse los locos, no vayan a resultar siendo espantos en vez de simple fatiga ocular.

Pero como en todas las películas, los espantos vuelven. Esta vez “de la nada”, palabras de Jorge, para robarle celular, reloj y algo de su orgullo.

“He debido verlo venir”, nos cuenta en el taller sobre hábitos seguros mientras te mueves por la calle.

-Has debido, pero no sabías cómo – Le respondemos -.

El ojo avizor: Método y hábito

Detectar peligros en la calle no es asunto de suerte, instintos, ni destrezas paranormales. Es un asunto de método y hábito. Es algo que debe ser aprendido y luego incorporado como una segunda naturaleza cuando nos movemos por la calle.

No estamos inventando el agua tibia, observar la calle es algo que se enseña desde hace años en cualquier materia de Tácticas Policiales de cualquier academia de policía que se respete. Es también parte del pensum de formación de un curso de escolta medianamente serio.

La primera parte del método, al menos como nosotros lo damos, es desarrollar el estado mental adecuado para aprenderlo. Esto requiere aceptar una idea incómoda:

El lobo existe… Y puede venir por tí.

Si una persona no tolera la idea de que un ser humano pueda causarle daño a otro, difícilmente va a ser capaz de aceptar que ese par de tipos con mala pinta tienen malas intenciones y son claramente una señal de peligro. Evadimos lo que nos incomoda y, como en el caso de Jorge, preferimos hacernos los locos no vayan a resultar ser espantos.

Desarrollar el estado mental adecuado comienza por superar algunas cosas.

Ser disciplinado con los niveles de atención

No vamos a hablar ahorita de Condición Amarilla, sino de simplemente el acto de manejar su foco de atención en la calle.

Recientemente salió un estudio que comprobaba que sólo el 2% de las personas son capaces de hacer dos tareas simultáneamente, mientras que el resto de los mortales sólo somos capaces de alternar la atención entre las dos. Si no me cree, trate de escribir algo coherente mientras lee otra cosa en voz alta.

Nuestro nivel de atención es como una linterna en un cuarto oscuro, tiene un foco que alumbra fuerte ciertos sectores y toca de refilón otros. Si quiere ver bien una esquina, debe dirigir la linterna y dejar de alumbrar lo que veía antes.

El problema es que en la calle hay demasiado que alumbrar. Cada vez que nos concentramos en una tarea: atender un teléfono, usar un telecajero, mirar a alguien, atender a un hijo… Nuestra linterna se enfoca allí y pierde manejo del entorno. Como dice el diccionario, atender es “mirar” algo, cuando “miramos” algo, dejamos de ver lo otro.

El problema no es prestar atención a algo, sino decidir a qué y por cuánto tiempo. Recuerde que cada vez que lo haga estará dejando de ver otras cosas. Sea disciplinado con sus niveles de atención y no se entretenga más de lo necesario.

Test sencillo de atención. Cuando nos fijamos en algo, dejamos de ver el entorno.

 Ideas preconcebidas

Uno de los ejercicios más curiosos que hacemos en el taller sobre Hábitos seguros en la calle es mostrarle a los participantes un video real de un secuestro exprés frente a un telecajero, en el cual uno de los cómplices viste con corbata.

En todos los talleres la gente se sorprende por lo mismo: el tipo con la corbata. Incluso hay quienes pareciera que se indignan ante la ignominia de atreverse a malandrear con una corbata puesta. Esto forma parte de las ideas preconcebidas sobre cómo creemos que debería lucir una persona o situación sospechosa.

El infame hombre de la corbata...

El infame hombre de la corbata…

Considerar la apariencia como un factor de análisis no es mala idea. Si usted está en un sitio costoso y nota a sujetos mal vestidos, inmediatamente va a desconfiar. Pero la apariencia es sólo un factor, no el determinante y depende del contexto. Sujetos mal vestidos saliendo de una construcción pueden ser obreros, no sociópatas, por ejemplo.

Lo que no debe hacer es prejuzgar a priori basándose únicamente en la apariencia, o partir de la idea de que la gente peligrosa luce de una forma particular. En todo caso, más importante que cómo luzca es cómo se comporte (más de esto en otra entrega).

La actitud asumida frente a la señal de peligro

Se dice que 8 de cada 10 personas han detectado el peligro antes de que les sucediera, es típico escuchar “vi a los sujetos y no me gustaron”, “sabía que algo andaba mal”, etc. Pero el problema nunca ha sido detectar el peligro, algo para lo que su cuerpo está tremendamente bien diseñado, sino qué hacer cuando lo tiene enfrente.

Millones de años de evolución han convertido el cerebro humano en una poderosa máquina para anticipar y detectar peligros, apoyándose en los cinco sentidos, una memoria privilegiada, la capacidad de razonar y un sistema de respuestas emocionales antes estímulos externos sumamente especializado.

DenialEl asunto es el mecanismo de defensa psicológica que activamos ante una situación desagradable: negar el peligro. Existen cuatro actitudes clásicas de la gente cuando cae en negación, aún teniendo al lobo de frente:

Asumir que no pasa nada: restarle importancia a la señal. Tratar de dar una explicación perfectamente lógica e inocua a por qué ese tipo nos sigue por un callejón oscuro o por qué ese carro extraño está parado frente a nuestra casa.

Hacerse el loco: evitamos hacer contacto visual con la persona que no nos gusta, miramos para otro lado como si no nos hubiéramos dado cuenta de que está allí. El diálogo clásico:

-No me gusta ese tipo de allá

-¿Quién? – dice el acompañante mientras voltea a ver de quién se trata.

- ¡No voltees! ¿Estás loco, a ver si se molesta y nos agrede? Vamos a hacer como si no lo hubiéramos visto.

Y uno se pregunta: ¿si un perro gigante le ladra usted también mira para otro lado y se hace el loco, o echa a correr?

Esperar a estar 100% seguro de que hay peligro: Hay gente que en lo que ve una señal de peligro hace exactamente lo contrario de lo que la Naturaleza nos enseñó a hacer: irse del sitio. Mucha gente nota el peligro, pero espera a estar convencida antes de actuar, quizás con la esperanza de que sea una falsa alarma.

Una anécdota de un participante en el taller:

“Caminaba hacia mi carro y veo esta moto con dos personas que baja la velocidad y se orilla unos metros más adelante, como esperando para ver cuál era mi carro. A mi de entrada no me gustaron, así que comienzo a caminar más lento para ver qué hacían. Los tipos quietos, como esperando. Cuando voy a abrir la puerta se me acercó el parrillero, era un atraco”.

Sin comentarios…

Malicia, una de las mejores herramientas

“Piensa mal y acertarás”, en seguridad es una de las máximas de las que no es bueno olvidarse. Detectar es la habilidad de anticiparse a algo, para ello debe ser capaz de detectar y actuar primero que el otro, incluso aunque no tenga confirmado que es una amenaza.

Cúrese la pena de reaccionar, aprenda a expresar desconfianza sin miedo a lo que piensen de usted. Y recuerde: si tiene la sensación de que algo va mal, es cierto.

Ante la duda, actúa.

Más en próximas entregas.

Ernesto Carrera