Enfrentando el miedo a morir

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Aprendiendo a hablar en medio del miedo durante práctica de Tácticas de desactivación Verbal

Todos deseamos sobrevivir a un enfrentamiento en la calle. Pero una cosa es desear algo y otra muy distinta es tener la voluntad para conseguirlo ¿Cómo lograr la voluntad de sobrevivir? Depende del entrenamiento que haya seguido.

Técnicas de contundencia letal, targets de lesiones leves y permanentes, dispositivos, armas y tácticas… Pero ningún entrenamiento está completo si no le indica cómo desarrollar la voluntad de sobrevivir en un enfrentamiento de calle, una mezcla de control del miedo, instinto agresivo y voluntad de ganar.

Bien sea para alertarle sobre los vacíos que puede tener su entrenamiento hoy, o para sugerirle algunas pautas, le adelantamos una serie de factores que debe tomar en cuenta para prepararse a enfrentar situaciones de calle.

1. Causa Justa

Nadie es exitoso defendiendo algo si no considera que valga la pena luchar por ello. Causa Justa se refiere a dos aspectos: 1) Que aquello que defendemos es algo valioso para nosotros y 2) Nuestra convicción de que la acción que tomamos es la mejor opción posible.

La convicción de la causa justa es tan importante que en tiempos de guerra existen departamentos especializados en convencer a otros de la importancia de la lucha. Basta ver la intensa campaña de propaganda que desplegó EE.UU. para justificar la guerra en Afganistán y la posterior invasión a Irak, o el intenso discurso revolucionario que encendió a Latinoamérica en los 60, para darse cuenta de que somos capaces de tomar grandes riesgos si consideramos que luchamos por algo que vale la pena.

En términos menudos de nuestra cotidianidad, la Causa Justa se refiere a qué tan comprometidos estamos con aquello que pretendemos defender. Una cosa es pelear por evitar que nos quiten un reloj y otra muy distinta es hacerlo para cuidar a nuestros hijos.

Aunque una persona se puede convertir en un león para defender su Rolex gracias a una mezcla de rabia, indignación y miedo, lo cierto es que si las cosas no le salen como esperaba lo más probable es que la motivación se pierda y la voluntad de ganar se doblegue ante el dolor, el cansancio y el pánico, lo cual desencadenará las dudas sobre la importancia de batalla que está librando. Y la duda en la calle cuesta vidas.

Tener clara la importancia de lo que estamos dispuestos a defender (un bien material, un familiar o incluso un cliente o ciudadano) antes de comenzar a lanzar golpes es un factor imprescindible si queremos curarnos de las dudas que nos asaltan durante un conflicto ¿Cómo saber si luchamos por una causa justa? Mediante un trabajo personal que sopese los tres factores que la construyen:

  • Importancia de lo que se defiende (en términos materiales, personales o morales)
  • Costo de hacerlo (qué arriesgamos al defenderlo)
  • Efectividad de nuestro plan (probabilidad de éxito)

2. Modificar el valor de la vida

En situaciones de alto riesgo la vida adquiere un valor distinto que se sustenta en dos pilares:

Qué tanto daño estoy dispuesto a recibir: Obviamente la idea de aprender a defenderse implica el concepto de no recibir daño letal. Pero esto no significa salir “liso” de una situación violenta. Como hemos dicho anteriormente, en situaciones donde hay más de un 90% de probabilidades de salir herido y más de un 70% de posibilidad de que la herida sea grave, no acostumbrarse a la idea de que se va a derramar sangre y que tal vez sea la nuestra es bastante ingenuo y peligroso. La sangre asusta, sobre todo si es la nuestra. Y si esa idea no se ha asimilado con anterioridad, el susto puede transformarse en pánico y parálisis.

Qué tanto daño estoy dispuesto a causarle a otro: “Golpéalo en la tráquea”, “apuñala en la carótida”, “apunta al centro de la masa”… Son frases comunes durante un entrenamiento. Pero más allá de lo “fashion” que se pueda escuchar esto y de la sensación de Rambo que nos puede dar el practicarlo, hacerle eso a un ser viviente en la vida real requiere vencer una serie de factores personales que nos dicen que la violencia es inmoral.

3. Sistema de creencias

Desde la antigua incorporación de las corrientes de pensamiento oriental como el Budismo Zen hasta la fanática religiosidad de grupos terroristas, la Fe ha demostrado ser un potente minimizador del miedo a morir.

Bien sea que creamos que hay algo después de la muerte, o por lo menos que existe cierta Voluntad Divina que nos ayudará a sobrevivir, el sistema de creencias nos permite lidiar con un tema que sobrepasa nuestra capacidad lógica y emocional para lidiar con él. Cuando la reportera de CNN le preguntó a un soldado qué lo hizo sobrevivir a la toma de Bagdad, simplemente respondió: “Mi entrenamiento y mi Fe”. Es pues nuestra Fe en que podemos salir exitosos de la situación a pesar de los riesgos, heridas, cansancio y dolor, lo que nos hará dar más del 100% si las cosas salen mal.

4. Comprensión del temor como fenómeno psicológico

El miedo es un tema que obsesiona a todo aquel que considere estos temas, sobre todo por la tergiversación y desinformación que existe en torno a él. Pero el miedo no es más que una emoción, por cierto vinculada a nuestra capacidad de supervivencia.

Es esta emoción la que dispara una serie de reacciones en el organismo que nos prepara para el peligro. Si se quiere, es una energía que dependiendo de su uso puede resultar en beneficioso o altamente peligroso (más información sobre sus efectos en Sobreviviendo al estrés).

Pero más allá del tema del miedo, lo que se debe aprender a controlar es el temor (de hecho el disparador del miedo). El miedo no es más que una emoción, pero el temor es un producto del lado racional del cerebro que nos indica qué tan seria y peligrosa es la situación.

En términos simples el temor es un pronóstico que hacemos frente a situaciones que implican algún riesgo, simplemente un “avance” que nos alerta de lo que puede suceder, no de lo que está sucediendo. Por ejemplo:

Imagine que lo encañonan con una pistola ¿Le teme concretamente a la pistola o al hecho de que le disparen?

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Taller Auxilios Médicos en Enfrentamientos. Saber CÓMO proceder reduce incertidumbre.

Si le disparan ¿Le teme concretamente al disparo ya hecho o a que la herida sea letal?

Como ve, siempre tememos algo que podría suceder, una opción posible entre miles. Si el pronóstico es de desastre, entonces se dispara el miedo en su mayor intensidad. Ahora bien ¿Siendo el temor un pronóstico sobre algo que no ha sucedido aún por qué es tan difícil controlarlo? Porque es una ecuación que toma en cuenta los siguientes factores:

Informaciones previas: Desde experiencias similares, anécdotas, comentarios y todo aquél dato que se parezca a la situación que tenemos enfrente. Si la data que tenemos es negativa, la apreciación de la situación también lo será.

Información actual: lo que está presente en la situación; capacidad de hacer daño del agresor, ventajas y desventajas del momento, etc.

Autopercepción: qué tan capaces nos vemos a nosotros mismos para lidiar con la situación. Si no confiamos en nuestra capacidad para resolver, el pronóstico será de desastre.

¿Cómo dominar el temor? Veamos:

  • ¿Podemos volver al pasado y cambiar nuestras experiencias previas? No
  • ¿Podemos modificar la situación actual? ¿Por ejemplo pedirle al agresor que en vez de amenazarnos con una pistola lo haga con un ramo de flores? No
  • ¿Podemos modificar nuestra autopercepción sobre la capacidad que tenemos para salir exitosos? Si

¿Cómo modificar la autopercepción? Con entrenamiento. Preparándonos para enfrentar esta clase de situaciones ¿Cómo puedo sentirme capaz de resolver una situación violenta si no tengo la más mínima idea de cómo resolverla? En la medida en que nos entrenamos desarrollamos una serie de destrezas que nos permiten ir ganando confianza.

Pero el entrenamiento no sólo debe consistir en técnicas, debe ofrecerle experiencias similares a las que se prepara a enfrentar. Esta acumulación de experiencia se va a sumar al paquete de informaciones previas que utilizará el cerebro para generar el pronóstico.

5. Aclimatación con la violencia

La violencia en la calle apabulla. No sólo porque se da en una situación que pone en riesgo nuestra vida sino además porque son momentos que nadie espera conseguirse a la vuelta de la esquina.

Es esta distancia que tenemos con situaciones de violencia real lo que nos transforma en seres pocos acostumbrados a ella. A menos que una persona pase sus días agrediendo a otros o viviendo en entornos altamente violentos (una cárcel por ejemplo), la mayoría apenas tenemos contacto con estas situaciones 3 o 4 veces a lo largo de nuestra vida.

Acostumbrarse a la violencia es una parte fundamental de cualquier entrenamiento orientado a incrementar las capacidades de supervivencia en situaciones de riesgo delictivo. Esto se logra mediante una serie de simulacros (escenarios) que reproduzcan situaciones similares con la misma carga agresiva y el mismo nivel de resistencia y contacto que encontraría en la calle.

Entrenar mediante escenarios basados en la realidad no significa hacer sparring con el compañero, es una metodología que intenta reproducir los distintos factores que incidirán en una situación de calle (entorno, agresor, armas, cómplices, factor sorpresa, patrones de ataque, modus operandi, etc.), a fin de disparar en el participante los mismos síntomas de estrés que sentiría en una situación real. Esto requiere de personas entrenadas para tal fin (tampoco se trata de una “caimanera”), equipo adecuado e información correcta sobre lo que sucede en la calle. Una metodología que bien llevada es altamente efectiva, pero que mal llevada puede tener resultados más devastadores que la misma calle.

Cuando estas sesiones son correctamente dirigidas, ofrecen participante experiencias altamente vivenciales que van aclimatándolo con la violencia y le permiten saber de primera mano qué funciona y que no bajo estrés, desarrollar mentalidad táctica, instinto agresivo y voluntad de sobrevivir.