Más allá de comprarse una pistola

En un mercado de 250 millones de dólares anuales se ha convertido el segmento de venta de materiales y equipos de seguridad. Si usted es una de las tantas personas que está considerando invertir un dinero en este tema, le invitamos a revisar los pilares que sustentan un plan de protección personal y que van más allá de comprarse un arma.

Pilar #1: Actitud preventiva

La actitud preventiva se refiere a todos los esfuerzos que se hacen para desempeñar conductas seguras. Más allá de los tips de aquello que se debe evitar y lo que se debe hacer, ser capaz de mantenerse alejado del peligro requiere asimilar los siguientes conceptos:

 

Dictando charla en materia preventiva. El grueso de nuestro trabajo con empresas y grupos familiares

Dictando charla en materia preventiva. El grueso de nuestro trabajo con empresas y grupos familiares

La violencia es una posibilidad: Para muestra un ejemplo, en los últimos diez años se ha incrementado el robo de vehículos sobre el hurto (tradicionalmente era a la inversa), lo que indica que el delincuente está cada vez más dispuesto a enfrentar directamente a su víctima y por ende mucho más decidido a emplear la violencia para conseguir su objetivo. En los últimos cuatro años los índices de homicidios se incrementaron en 30% y los costos de la violencia en el PIB ronda los 6 puntos.

Sin embargo, la mayoría de las personas mantiene aún la creencia de que “lo malo le pasa al otro”. Resulta paradójico encontrar que los estudios sobre perfiles psicológios de víctimas reincidentes señalan esta forma de pensar como uno de los rasgos de personalidad más comunes. Asimilar la idea de que todos estamos expuestos a estos escenarios es el primer paso para hacerse responsable por la propia seguridad.

Asumir la responsabilidad de nuestra seguridad: La violencia es una interacción entre dos partes. Entender esta idea implica reconocer que en la mayoría de las agresiones que sufrimos tenemos una cuota de responsabilidad. Fattah Ezzat, reconocido victimólogo, señala que por lo general colaboramos en este proceso de tres formas: incitando al criminal a actuar, incitando a que nos elijan y facilitándole la tarea.

De hecho, estos tres factores dibujan lo que llamamos Mapa de Víctima: rasgos de nuestra personalidad que nos exponen a determinados tipos de agresiones.

Desarrollar la Psicología de la Supervivencia: tener la motivación individual a desarrollar destrezas en seguridad (estudio, entrenamiento, etc.), lo que influye en la autoestima y por consiguiente en las barreras de protección emocional, manejo efectivo de escenarios de riesgo y la forma en que le decimos a nuestro agresor que somos fácilmente subyugables mediante el grado de autoconfianza proyectado.

Comprender qué nos hace elegibles: Nadie agrede si no percibe probabilidad de éxito, lo que está determinado por cuatro factores genéricos: entorno adecuado, momento adecuado, capacidad de hacer daño adecuada y víctima adecuada. Sobre este tema hay estudios que tratan de identificar los rasgos visibles que hacen a una persona seleccionable.

Uno de los más interesantes es uno hecho en EE.UU. donde se le muestra a un grupo de criminales presos una grabación de personas caminando por la calle en su día a día y se les pide que seleccionen aquellas que atacarían de tener la oportunidad. Los resultados sorprenden por la consistencia de las selecciones hechas, lo que permite deducir que por una persona seleccionada, hay docenas que fueron descartadas por factores tan simples como la forma de moverse, postura, estado de alerta y seguridad proyectada. Elementos en los que el entrenamiento tiene poder de influencia comprobado.

Manejo de información acertado: Conocer los modos de actuar del delincuente y la manera de comportarse frente a ellos. Pero más allá de tratar de memorizar una lista de consejos que puede superar el centenar, se trata de comprender los principios básicos que subyacen detrás de estos consejos, liberándose de fórmulas mágicas y desarrollando la capacidad de entender y reconocer las tendencias de cada escenario de riesgo para poder prevenirlos.

Pilar #2: Capacidad de anticipar

Nada hacemos con prevenir si no somos capaces de detectar situaciones de peligro. Parte del desarrollo de la anticipación consiste en aprender reconocer las señales de alerta que emite el entorno.

No obstante, aunque no existe una tipología física que describa a un agresor, la manera como se comporta tiende a tener patrones comunes que pueden identificarse. Paul Ekman y otros especialistas del lenguaje gestual y corporal han definido al menos 300 posturas, expresiones y movimientos que expresan emocionalidad e intencionalidad, lo que ha permitido a expertos en el área de seguridad trazar algunas tipologías clásicas de cómo se comporta el que piensa agredir. Otro experto en el área de la predicción de la violencia, Gavin de Becker, ha desarrollado toda una ciencia para la detección de momentos de peligro.

Además de los métodos que pueden aprenderse sin mucho esfuerzo, el éxito en la capacidad de anticipar es una mezcla de conocimiento, intuición, alerta (condición amarilla) y asertividad. Una vez más, nuestro Mapa de Víctima es quien influye en la probabilidad de éxito al tratar de detectar anticipadamente momentos de riesgo.

Pilar #3: Capacidad de Gestionar el Riesgo

La capacidad de gestionar el riesgo refiere a qué tan efectivo somos para manejarnos una vez que estamos en escenarios de peligro. Es el resultado de qué tanto esfuerzo hayamos hecho por sobrescribir nuestro Mapa de Víctima.

Saber manejarse efectivamente en escenarios de peligro requiere el desarrollo de varios conceptos y habilidades:

Comprender el lenguaje de la violencia: la violencia interpersonal es quizás uno de los comportamientos humanos más predecibles. Entender sus señales y saber como reaccionar frente a ellas permite anticipar a la agresión, tomar decisiones y retomar la iniciativa en momentos de desventaja estratégica.

Manejo asertivo de las emociones: Miedo y rabia son las dos emociones asociadas a momentos de peligro. Reconocer sus efectos y aprender a emplearlos en nuestro favor incrementa la probabilidad de salir con vida en una confrontación. Esto sólo se logra mediante entrenamiento en situaciones que recrean la realidad.

Tomar decisiones acertadas: Es sumamente peligroso pensar que sólo existe una clase de respuesta (por lo general defenderse) para todos los momentos de peligro. Cada situación es única y requiere de respuestas acorde. A nuestro entender, el abanico de respuestas se puede clasificar en tres bloques: Huir, Negociar o buscar salidas no violentas y defenderse. Cuál es la más acertada dependerá de las circunstancias y la naturaleza de la confrontación y la única manera de saberlo es anticipándose al desenlace.

Pilar #4: Desarrollo de destrezas y pensamiento táctico

Quizás el aspecto en el que se concentran los entrenamientos en defensa personal dejando a un lado todo lo mencionado anteriormente. Una vez más, de nada sirve aprender a defenderse si seguimos exponiéndonos a situaciones de peligro, somos incapaces de anticiparlo y mucho menos de tomar decisiones acertadas frente a él.

El desarrollo de destrezas no contempla únicamente el aspecto combativo. La persona debe aprender cómo huir y resolver momentos de impacto (cuando comienza e enfrentamiento), cómo y hasta cuándo negociar para buscar alternativas no violentas y, obviamente, cómo defenderse dentro de los límites que dicta la ley.

Cómo defenderse no contempla únicamente aprender a disparar, golpear o usar un objeto contundente según las habilidades y preferencias de la persona, que de hecho es la oferta básica de cualquier entrenamiento. La defensa, al igual que la huída y la negociación, no es únicamente un aspecto técnico (saber qué hacer y sobre todo hacerlo en momentos de alto estrés) sino sobre todo táctico (saber cuándo y cómo) tomar y ejecutar la decisión adecuada.

“En Caso Extremo”, manual de defensa personal escrito por Fernando Arcaya y publicado por Monte Avila Editores, dice algo sumamente interesante: usted puede tener el arma más potente en sus manos, pero si no sabe usarla será igual a sostener un ramo de flores. Incluso sería mejor tener las flores, así podrá ofrecerlas y tal vez el delincuente se apiade.

Pilar #5: Mantener y desarrollar lo aprendido

El 70% de las destrezas en seguridad que se aprenden tienden a olvidarse en un lapso de tres meses si no se practican. Hacer un curso, comprar un arma o tomar alguna clase de defensa personal es sólo el primer paso para el que haya decidido hacerse cargo de su propia seguridad.