¿Miedo yo?

afraidUn tema recurrente es el del miedo en situaciones de peligro. ¿Cómo manejarlo? ¿Dónde reside el secreto que permite lograr la sangre fría necesaria? Son las preguntas comunes de quienes se entrenan con nosotros en seguridad personal. Aquí van tres anécdotas sobre este tema.

Durante situaciones de peligro extremo las manifestaciones del miedo generan en nosotros tres respuestas básicas: congelarse, huir o defenderse. Estas respuestas datan de los primeros tiempos de la humanidad, cuando había que quedarse quieto ante la cercanía de un depredador, luego había que correr a todo dar y, en el peor de los casos, dar pelea si el depredador nos alcanzaba. Estas tres “F´s” (Freeze, Flight, Fight) quedaron marcadas en nuestro cerebro – concretamente en el Sistema Límbico – como información química.

Frente al peligro el Sistema Límbico asume el control de la situación, revisando toda la información que tiene para compararla con la realidad y hacer un pronóstico con el fin de actuar en consecuencia. Frente a ella toma tres decisiones: dispara una emoción, prepara al organismo para enfrentar la situación y elige un plan de acción inmediato que nos saque del peligro lo antes posible.

Por eso, antes de desdeñar estas reacciones vale la pena reconocer que si no hubiera sido por ellas simplemente nos hubiéramos extinguido hace tiempo. En nuestros cursos, acompañamos a nuestros estudiantes a descubrir que el primer paso para controlar el miedo en situaciones de riesgo extremo es aprender a darle su justo valor.

El sexto sentido

No se trató de un ángel de la guarda, una conciencia profunda del futuro o un acto premonitorio sin explicación lo que salvó a María de una violación. Eran las 7:00 am cuando se subió a uno de los ascensores de Parque Central. Sabía con antelación que los ascensores solitarios eran el lugar perfecto para una violación, así que no era de extrañar su aprehensión cuando un joven bien parecido se subió con ella.

A María no le hizo falta un retrato hablado del violador, un curso especializado de detección del peligro o la simple manifestación de intenciones del joven que la acompañaba. Instintivamente logró bajarse del ascensor segundos antes de que el violador la agarrara por la espalda.

El miedo fue quien la salvó, a pesar de que su parte racional, dominada por la Neocorteza daba las mil explicaciones de por qué no debía sentir desconfianza ante ese joven bien parecido. Simplemente fue una corazonada, un algo que la obligó a bajarse.

Quizás fue la manera de mirarla, el gesto o la actitud corporal. Pero lo cierto es que a través de los cinco sentidos percibimos más de lo que nos damos cuenta. Mucha de esta información es desechada por nuestra parte racional pero queda en nosotros. En varias oportunidades, nuestro cerebro revisa la información y decide disparar una emoción asociada. María recibió algo que Gavin de Becker, experto en predicción de conductas violentas, llama un mensajero de la intuición. Las corazonadas, desconfianza y pensamientos insistentes, entre otras señales, forman parte de estos mensajeros producidos por esta alerta temprana que es el miedo.

Cuando el miedo no ayuda

Quince años de entrenamiento en Artes Marciales y varias horas de tiro en un polígono no ayudaron el día en que Pedro al fin enfrentó aquello por lo que se había estado preparando.

La historia cuenta que a Pedro lo rodearon tres sujetos dispuestos a robarle su moto. Al parecer, lograron ver su arma y en seguida se perdió el control de la situación: una lluvia de golpes que terminó en disparos. Todos dados por los agresores sin que Pedro haya siquiera alcanzado a mover un músculo victima de algo llamado Arremetida de Adrenalina.

La Arremetida de Adrenalina describe el estado en el cual el Sistema Límbico, quien regula las emociones y las respuestas asociadas a ellas, está en estado de extrema excitación, lo que provoca en nosotros algunos de los siguientes síntomas:

  • Falta de Aire
  • Torpeza física, sobre todo la llamada destreza fina que nos permite hacer movimientos complejos y elaborados
  • Pérdida de sensibilidad auditiva
  • Visión de túnel. Perdemos conciencia espacial y sólo podemos ver una cosa a la vez – por lo general a lo que más tememos -. Esto explica por qué hay personas que luego de un atraco son perfectamente capaces de identificar el arma con la que lo amenazaron pero incapaces de dar una descripción del sujeto.
  • Reacciones impulsivas, por ejemplo disparar a alguien antes de poder darse cuenta si es amigo o enemigo. La Acometida de Adrenalina viene con el paquete de las emociones y físicamente no es posible evitarla. Sin embargo, es el manejo de los temores lo que nos predispone a sufrir de estos síntomas en mayor o menor intensidad.

Los temores son aprendidos. Por ejemplo, si creemos de forma axiomática que las armas de fuego traen muertes, inconscientemente aprendemos a temerle al arma y no al que la porta, por lo que cuando estemos frente a alguien que nos amenaza con un arma inmediatamente nuestro temor nos hará sentir que estamos a punto de morir, disparando la Acometida de Adrenalina en su mayor intensidad. Porque sólo podemos temer lo que puede suceder, no lo que sucede.

En nuestras clases, los temores juega un papel fundamental en el proceso de revisión de aquellos factores de la conducta que nos hacen proclives a ser victimizados

Acostumbrarse al miedo

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Durante clase de Tácticas Defensivas, drill 3 contra 1. Debe lidiar con tres agresores a contacto pleno.

La música del reproductor sonaba a todo dar pero Luis no la escuchaba en absoluto. De hecho ni siquiera se dio cuenta de cuándo empezó a sonar.Lo único de lo que Luis era consciente era de los tres agresores frente a él. Los síntomas del miedo eran claramente perceptibles para los que observábamos desde afuera: ojos abiertos, rostro tenso, manos agarradas y espalda arqueada.

A una orden los tres agresores se lanzaron contra él. El primer instinto de Luis fue huir, pero enseguida uno de los agresores logró cortarle la huída mientras un segundo se le abalanzaba para tomarlo por los hombros. Algo pasó que la cercanía del atacante disparó algún resorte oculto en la psique de Luis y, en vez de huir, lo que salió fue un potente golpe directo al casco del instructor que en ese momento hacía las veces de asaltante.

El ejercicio no duró más de dos minutos en los cuales ninguno de los tres instructores logró agarrarlo y someterlo en el piso. Las grabaciones que se hicieron mostraron a una persona que, a pesar de estar bajo la Acometida de Adrenalina, logró salir de la situación.

Luis no tenía quince años de entrenamiento en Artes Marciales y en su vida jamás había puesto un pie en un polígono de tiro. La única diferencia fueron 8 horas de entrenamiento para manejarse bajo el estrés que le permitieron incluir dentro de su abanico de respuestas básicas del miedo algunas técnicas simples para no dejarse controlar.

El planteamiento de situaciones que simulen escenarios de agresión es uno de los mejores métodos para preparar a una persona en control de emociones. Técnicas simples que puedan ser ejecutadas bajo situaciones de estrés y una posterior revisión sobre la forma en que la persona se manejó, rompen ese primer impulso de congelarnos frente al peligro y ayudan a superar el temor a ser agredidos.