Mitos de un entrenamiento en defensa personal

 

Una alumna del curso Protección Personal para Mujeres durante la simulación de una violación. Esto es a contacto pleno.

Una alumna del curso Protección Personal para Mujeres durante la simulación de una violación. Esto es a contacto pleno.

La señora Mary tiene 45 años, tres hijos y más de la mitad de su vida como ama de casa. Acaba de sobrevivir a un atraco con violencia y esta vez no piensa cometer el mismo error: la sala donde se encuentra está a media luz, silencio total, pero algo le hace sentir desconfianza e instintivamente sube las manos con los puños cerrados, en posición de guardia.

De no se sabe dónde aparece un tipo de casi 110 kg de peso, puro músculo contenido en dos metros de estatura, cabeza rapada y cara de loco vestido con chaqueta militar. Por su porte parece ser un exmilitar, expolicía o alguna clase de “ex” que hace suponer que el hombre sabe cómo hacer daño. Sin mediar palabra se lanza sobre el cuello de la señora Mary con intención de estrangularla.

La señora Mary, con su metro 45 de estatura, rápidamente agarra el tríceps derecho de su atacante con la mano izquierda, y con el índice y el pulgar presiona algún centro de dolor que hace que el atacante lance un grito y caiga de rodillas. Enseguida se prenden las luces, aparece la gente aplaudiendo y el instructor la mira con orgullo, mientras Mary se toca el pecho pasando el susto. Corta el video y aparece en un título gigante en la pantalla:

“Aprenda defensa personal:
Sin dolor;
Sin sudor
Aprenda cómo vencer a un oponente más grande
No necesita buena condición física o saber pelear”.

Por favor…

La señora Mary no es la única víctima de esta trampa, policías y veteranos de las artes marciales caen en la seducción de pensar que las cosas son tan fáciles como en el gimnasio. Si usted no quiere sentirse bien sino sobrevivir a un escenario de violencia es recomendable que se cure de algunos mitos que rodean los entrenamientos en defensa personal.

La Defensa Personal es para aprender a pelear

 

Pelear para desenfundar el espray. Durante este escenario, el alumno no tiene tiempo de "pelear". Tiene un problema de seguridad del cual debe salir con vida.

Pelear para desenfundar el espray. Durante este escenario, el alumno no tiene tiempo de “pelear”. Tiene un problema de seguridad del cual debe salir con vida.

No obstante, si el interés es ser un peleador lo más sensato es practicar algún sistema de combate de contacto pleno donde se plantee un formato de enfrentamiento entre dos contrincantes.

La defensa personal no es para pelear, sino para sobrevivir precisamente evitando que se desarrolle una pelea en el sentido tradicional (dos oponentes que miden su técnica). Su premio no será una medalla o la imagen de su contrincante desmayado en el piso, sino el alivio de que pudo volver a su casa gracias a la carrera que pegó apenas pudo zafarse de su agresor.

Aprenda a defenderse sin dolor, sin sudor

 

Un operador de Policía Naval es atacado por sorpresa y con toda la fuerza posible por un instructor durante un escenario que simula el abordaje a un sujeto sospechoso. Si no lo hace así, cuando le suceda en verdad no estará preparado.

Un operador de Policía Naval es atacado por sorpresa y con toda la fuerza posible por un instructor durante un escenario que simula el abordaje a un sujeto sospechoso. Si no lo hace así, cuando le suceda en verdad no estará preparado.

La condición física no importa

Ciertamente un sistema debería ser adaptable a cualquier persona. No obstante debe recordar que un combate cuerpo a cuerpo es básicamente una actividad física.

Si una persona es incapaz de subir por escaleras cuatro pisos sin faltarle el aire difícilmente pueda sostener un enfrentamiento que, aunque corto, presenta una intensidad y nivel de esfuerzo físico que pone a prueba los límites corporales y psicológicos de cualquiera. Súmele a esto alguna herida, tal vez algún peso que lleve ese día y la dificultad para respirar característica del estrés de adrenalina para hacerse una idea de lo que puede suceder en la calle.

Trucos para vencer

Por otro lado, en situaciones de estrés destrezas motoras gruesas como jalar, empujar y golpear son las que mejor se activan, obviando la precisión milimétrica o los movimientos complejos. Si piensa entrenarse para tales situaciones ¿por qué no hacerlo con las mismas destrezas que empleará en la calle?

Incrementar el nivel técnico

Para alguien sin experiencia previa un entrenamiento en defensa personal siempre aporta algo nuevo, para otra clase de personas añade enfoques y perspectivas que tal vez su entrenamiento no había considerado. Pero un punto común de cualquier entrenamiento en Close Combat debe ser su simplicidad técnica debido a que está diseñado para ser ejecutado bajo estrés.

Casi siempre, cuando tenemos practicantes de artes marciales en un curso les parece que el nivel técnico es “muy simple” y se debe a que confunden el curso con una “clínica” (seminario especializado de artes marciales). Para una persona con cierto nivel técnico, un curso de defensa personal debe aportar conocimientos tácticos y visión práctica de la realidad, por ejemplo la capacidad de pasar de un estado pasivo/activo de forma explosiva del Krav Maga, el manejo de la distancia del RAT o, en nuestro caso, el manejo del contrincante, el momento y el entorno.

De hecho, un curso que haga demasiado hincapié en el aspecto técnico refleja una visión del combate bajo una óptica deportiva donde sólo la destreza en la ejecución del movimiento decide el desenlace. Sin embargo, las situaciones de calle son mucho más complejas que un simple puñetazo y muchas veces la actitud, el factor sorpresa y el manejo inteligente del problema tienen más peso que las destrezas como luchador.

Aprender a defenderse en una pelea callejera

 

Entrenamiento Basado en Escenarios: Tiroteo en un bar durante una clase de Tácticas Defensivas. Esta "Pelea Callejera" comenzó a golpes y termino a tiros.

Entrenamiento Basado en Escenarios: Tiroteo en un bar durante una clase de Tácticas Defensivas. Esta “Pelea Callejera” comenzó a golpes y termino a tiros.

Cada contexto tiene tendencias y patrones muy característicos que deberían definir el contenido del entrenamiento a seguir, ofreciendo información precisa sobre el problema que se piensa solucionar.

El mismo término aplica para el concepto “ataques callejeros”, que termina siendo una lista interminable de formas no convencionales que incluso el delincuente más novato no intentaría. Es mucho más práctico hacer la tarea previa de averiguar cuál es el patrón de ataque de cada situación y dedicarse a buscar soluciones para ellos.

Esta es una de las razones que nos motivó a crear charlas y cursos contextualizados en un problema en particular, apegado a lo que dicen las estadísticas y no a soluciones genéricas de lo que tal vez podría suceder en la calle.

La colección de cinturones negros

Un recurso de ventas común es la cantidad de grados que tenga el instructor: a mayor cantidad de cinturones negros y danes, mejor será el curso. Esto no necesariamente es cierto.

El que un instructor tenga diversos grados significa que es un artista marcial que se toma en serio su profesión, pero no necesariamente alguien que haya estudiado los contextos de violencia modernos.

No obstante, debe tener en cuenta que la experiencia del instructor sólo garantiza un contenido coherente, no que usted saldrá de allí con el mismo nivel. Será su propia experiencia durante el entrenamiento lo que determinará qué tan capacitado está para hacer frente a una situación de peligro. Y la única manera de que pueda tener esa experiencia antes que en la calle es que durante el curso le ofrezcan alguna posibilidad de ponerse a prueba (micropeleas, escenarios, etc.). Un instructor muy famoso dice: “la experiencia es algo que siempre llega después de que se necesita”.

Aprender a proteger a sus seres queridos

 

Grupo de escoltas protegiendo a su VIP (sujeto en el medio) mientras un sicario los sorprende durante un escenario. El VIP resultó herido y uno de los escoltas "muerto". Este es el concepto de protección a terceros que la gente de defensa personal no entiende.

Grupo de escoltas protegiendo a su VIP (sujeto en el medio) mientras un sicario los sorprende durante un escenario. El VIP resultó herido y uno de los escoltas “muerto”. Este es el concepto de protección a terceros que la gente de defensa personal no entiende.

Pero si usted le pregunta a un escolta qué aprendió para proteger a un cliente notará que técnicamente hay diferencias importantes entre lo que se hace para defender a un tercero y lo que se hace para defenderse uno mismo. Incluso muchas veces las técnicas de protección a terceros transforman al protector en escudo humano. Si el interés es aprender a proteger a otros, pues lo mejor es que siga entrenamientos orientados a tal fin.

Palancas y sumisiones

Cuando se habla de defensa personal a muchos les viene a la mente secuencias de palancas, estrangulaciones y técnicas de sumisión en general. Estas son herramientas necesarias, pero para un policía o un soldado que de una u otra forma deben controlar y/o anular a su oponente.

En repetidas ocasiones hemos visto como personas normales son emboscadas por los cómplices del agresor por tratar de aplicar controles o palancas una vez que lograron detener la amenaza. En otras tantas hemos visto cómo se revierte la situación en el momento que el defensor trata de finalizar el encuentro con una técnica terminal, prolongando la situación en vez de huir hacia una zona segura.

 

Alumna del curso Protección Personal para Mujeres es "violada" mientras su agresor la golpea ¿Realmente cree que un pellizco le quitará de encima a un sujeto que le saca más de 30 Kg y está decidido a matarla?

Alumna del curso Protección Personal para Mujeres es “violada” mientras su agresor la golpea ¿Realmente cree que un pellizco le quitará de encima a un sujeto que le saca más de 30 Kg y está decidido a matarla?

Si su estrategia de combate depende de la sumisión del agresor (hacer que se rinda con alguna técnica dolorosa), debe tener presente que lo que logrará es prolongar innecesariamente su permanencia en la zona de peligro. A menos que usted sea policía, este no sólo es un entrenamiento absurdo sino además peligroso.

La violencia es un asunto de hombres (pero ellos no necesitan que alguien les enseñe)

Hace tiempo tuvimos un visitante que nos felicitaba por nuestra iniciativa de organizar cursos. En sus palabras “a las mujeres siempre les hace falta un curso”. Cuando le preguntamos por qué pensaba que los hombres no, dijo que es poco probable que a un hombre lo agredan.

Cosa curiosa ya que más del 48% de las víctimas de atraco, más de la mitad de los secuestrados en Venezuela, la mayoría de las víctimas de homicidio y más del 90% de los que caen en peleas casuales son, precisamente, hombres. De hecho es más probable que un hombre muera en un escenario de violencia que una mujer.

Obviamente, por aquello del paradigma del “macho” tal vez el hombre esté más acostumbrado a la violencia (y tal vez la mujer debería acostumbrarse un poco más). Pero ser efectivo en ella es un asunto que no tiene que ver con el sexo sino con la preparación.