¿Pasivo o agresivo?

Una de las discusiones más largas en lo que se refiere al manejo de situaciones potencialmente violentas es qué actitud tomar frente al posible agresor ¿Emplear una defensa pasiva o agresiva? Veamos pros y contras de cada una.

La actitud pasiva o reactiva

9 Contratacando luego de ser agredido durante el curso Enfrentamientos de Calle

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Contratacando luego de ser agredido durante el curso Enfrentamientos de Calle

Es bueno aclarar que esta actitud no significa ser sumiso. La actitud pasiva se refiere a mantener hasta donde sea posible opciones físicamente no violentas. Esta es la postura de “la mejor pelea es la que no sucede… Pero si sucede te voy a dar con todo”.

Parte de lo que se emplea en esta actitud es la desactivación verbal de la violencia o lo que llamamos nosotros Desmontar Violencia (puede saber más de este entrenamiento en la sección de cursos abiertos al público. Aquí lenguaje verbal y corporal se emplean para persuadir al potencial agresor mediante distintas alternativas: conciliar, ordenar e intimidar y básicamente ataca tres de los cuatro factores que generan conductas violentas: la justificación, las alternativas y las consecuencias percibidas.

Para aquellos que consideran esta actitud demasiado “mansa”, es bueno aclarar que para usar la defensa pasiva se requiere de sangre fría, inteligencia, un excelente manejo del Ciclo OODA (Observar, Orientar, Decidir, Actuar) conocimiento de la conducta humana – sobre todo de la violenta y cuáles son sus señales- capacidad de anticipar el desenlace, improvisar y además resolver varias cosas a la vez, como un posible plan B si las cosas salen mal.

Técnicamente hablando la defensa pasiva es quizás una de las más elaboradas ya que consiste en esperar – y a veces provocar – el ataque del agresor. De hecho, la mayoría de las tendencias clásicas de la defensa personal basan su arsenal en técnicas reactivas ante distintos ataques.

El principio táctico de esta opción es simple y se basa en un principio de física: una vez que inicia el ataque el agresor es incapaz de detener o modificar la acción hasta que llega a su final. Si la acción se intercepta (bloquea o desvía) y luego se inicia un contraataque, el defensor puede llevar al atacante al colapso.

Los defensores de esta tesis argumentan varias cosas:

  • La actitud pasiva permite manejar varias alternativas antes de llegar a la acción físicamente violenta
  • A mayor cantidad de opciones es menos probable que suceda un enfrentamiento
  • Desde el punto de vista legal ampara mejor a quien la ejerce
  • Para aquellas personas cuyo trabajo implica aplicación de la fuerza (léase policías y personal de seguridad), es una habilidad imprescindible
  • Desde el momento en que el defensor comienza a desactivar violencia, está levantando datos necesarios para un plan de acción: agresor, cómplices, armas, características del terreno, posible ayuda, rutas de escape, cobertura, etc. Lo que le permite tomar decisiones más acertadas incrementando su probabilidad de supervivencia.
  • Es mucho más útil en escenarios donde saber negociar es una condición de supervivencia (secuestros exprés, situaciones en las que estamos con acompañantes, etc.)
  • El defensor pasivo pone el tiempo a su favor, algo que por lo general le es escaso al agresor (por ejemplo en secuestro express y atracos)
  • Es una alternativa más viable cuando nuestra capacidad de hacer daño es menor a la del agresor

Los detractores plantean:

  • Dejar en manos del agresor la iniciativa de atacar primero es darle el poder de que sea él quien decida si vivimos o morimos.
  • Biológicamente hablando la acción es más rápida que la reacción. Hasta que no se desarrolle un método científicamente sustentado y accesible a todos para desarrollar un “sexto sentido” que permita saber cuándo y cómo es el ataque, es mucho más probable que el que sobreviva al enfrentamiento sea quien lo inicia ya que pone de su lado el factor sorpresa.
  • Ante la sorpresa reflejos defensivos como cerrar los ojos, escudarse con los brazos, alejarse, etc. sobrescriben cualquier respuesta condicionada mediante el entrenamiento. (En próximas entregas explicaremos este fenómeno y cómo se ha manejado en Close Combat).
  • Técnicamente hablando ser reactivo retarda el tiempo de acción ya que el defensor toma decisiones de split second (hay que esperar el ataque, identificarlo y elegir la mejor opción para hacerle frente, todo esto mientras el ataque viene en camino). Y el tiempo en defensa personal vale oro.
  • Incrementar el tiempo de permanencia en el escenario le permite al agresor asentarse en su terreno y comenzar a controlar las distintas variables que pueden jugar en su contra (ubicar al cómplice en el mejor lugar, arrinconar al defensor, desplegar armas, etc.).

La actitud agresiva o proactiva

Atacando al otro primero y tomándolo por sorpresa para luego arremter a golpes. No es bonito, quizás tampoco "honorable", pero funciona muy bien. Clase de Tácticas Defensivas.

Atacando al otro primero y tomándolo por sorpresa para luego arremter a golpes. No es bonito, quizás tampoco “honorable”, pero funciona muy bien. Clase de Tácticas Defensivas.

La actitud agresiva se basa en un criterio muy simple: “quien pega primero pega dos veces”.

Al contrario del pasivo, el agresivo ataca primero con el fin de no permitir al otro asentarse en su territorio. Pero al igual que no debe confundirse pasivo con sumiso, tampoco debe pensarse que agresivo es ser “volao”.

El defensor agresivo es alguien con cuatro habilidades fundamentales: una capacidad especial para aprovechar el factor sorpresa, la difícil preparación mental para ser contundentemente violento sin que el otro nos haya agredido físicamente, la inteligencia para hacer que el agresor cometa errores tácticos de los cuales aprovecharse y el ojo para detectar el momento en que tiene la suficiente ventaja temporal como para voltear la situación.

Técnicamente hablando el defensor agresivo usa algo que en inglés se llama “preemptive attacks” y que en español se conoce como Ataques Preventivos, Preseleccionados o de Preferencia; una serie de acciones de ataque (por ejemplo golpes) seleccionadas y entrenadas con anterioridad y que cuando son disparadas (frases, gestos que se dicen previamente) se hacen de forma automática y sin parar hasta que la amenaza es neutralizada. Un ejemplo de esto son las técnicas de desarme de pistola en las cuales se ataca al agresor antes de que dispare.

A primera vista pareciera que atacar primero no requiere el mismo grado de destreza técnica que se necesita para reacciona a un ataque. Esto no necesariamente es cierto ya que quien la ejecuta debe ser capaz de lograr un ataque con suficiente fuerza como para dañar al otro. Los factores de éxito: fuerza, velocidad, potencia, una excelente mecánica corporal y destreza técnica para atacar cómo y donde se debe sin telegrafiar las intenciones.

Sus defensores dicen:

  • Al ejercer una defensa agresiva se aprovecha el factor sorpresa, una de las pocas ventajas de que dispone el defensor.
  • La reacción inesperada crea un colapso momentáneo (llamado “reboot mental”) que facilita al defensor huir o desenfundar un arma.
  • Al retomar la iniciativa existe mayor poder de influencia en el desenlace.
  • Atacar primero sorprende y apabulla al agresor, lo que lo hace dudar por unos instantes. Y la duda hace que la gente se muera.
  • Atacar primero abre la posibilidad de resolver la situación más rápido, acortando el tiempo de permanencia en el escenario de riesgo.
  • Técnicamente hablando nos transforma en actores preactivos en la solución rápida del conflicto, no en seres reactivos.
  • La mentalidad de “Atacar al Atacante” crea el instinto necesario para sobrevivir a una situación de violencia real.
  • A pesar de que lo más sensato es evitar la violencia muchas veces no está en nuestras manos lograrlo. Cuando se está frente a un delincuente con rasgos sociopáticos graves, una persona drogada o bajo efectos de alcohol o simplemente alguien suficientemente motivado a dañarnos, la defensa agresiva puede ser la diferencia. Pensar que “siempre” podemos resolver por las buenas es ingenuo y peligroso.

Sus detractores:

  • Atacar primero sin considerar antes otras opciones es llegar de un jalón a un punto de no retorno del cual sólo surgen dos tipos de participantes: uno que sobrevive y otro que no.
  • Dificulta la defensa legal.
  • Frente a testigos pasamos de ser víctimas a victimarios, lo que puede motivar la intervención de un tercero que sin tener intención se transforme en cómplice del agresor. El caso típico del buen samaritano que nos agarra para separarnos, permitiéndole al otro (o al cómplice) reiniciar el ataque.
  • A menos que el entrenamiento técnico se complemente con una buena formación táctica, el estrés que genera la idea de atacar primero tiende a hacer que la acción sea precipitada y muchas veces ejecutada sin considerar las desventajas tácticas, como el segundo agresor que permanece fuera de nuestro campo visual, armas de fuego ocultas que imposibiliten la huída, etc.
  • Para romper la resistencia a atacar primero y ser efectivo se requiere una de dos cualidades: una agresividad innata o la suficiente preparación mental producto del entrenamiento sostenido. Algo de lo que la mayoría de las personas normales carecen. Esa carencia es lo que genera la duda de último momento, un error letal.
  • Atacar primero requiere tener la capacidad de hacer daño y saber cómo emplearla. La primera prerrogativa está vinculada a qué clase de agresor enfrentamos, la segunda al entrenamiento.