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ToggleEra lo que le decíamos mucho a nuestros alumnos aspirantes a oficiales de policía cuando hablábamos de defensa contra cuchillo o armas punzocortantes. Escoltas muestran sus blancos luego de una práctica de tiro.
La advertencia no es para ponerlo al tanto del riesgo de un ataque con cuchillo en la calle, sino por lo peligroso que puede ser lo que le hayan enseñado sobre la forma de lidiar con este tipo de ataques.
Quizás por la presencia de técnicas de defensa contra cuchillo que abundan en las artes marciales, hoy día se tiende a pensar que dominar a alguien es cosa de saber la técnica adecuada y nada más. Ciertamente la cosa funciona mientras que el agresor sea su compañero de práctica de toda la vida, tenga en la mano un cuchillo de madera y el entorno sea el gimnasio donde se paga una mensualidad para aprender a defenderse, no la calle donde le pueden quitar la vida por un par de zapatos.
La mayoría de los entrenamientos tradicionales en defensa contra cuchillo asumen que el defensor siempre sabrá que va a ser atacado.
No obstante, en 1992 Darren Laur, instructor de tácticas defensivas de organismos policiales en EE. UU., hizo un experimento simple: seleccionó una muestra de 85 funcionarios activos y planteó una situación en la cual el agresor atacaba al participante con un cuchillo de goma. Los resultados:
El experimento corroboró algo ampliamente conocido en la calle: la mayoría de las veces la víctima no se percatará de la presencia de un cuchillo en manos de su agresor hasta que sea demasiado tarde. ¿Por qué el 97% de las personas del experimento anterior no pudo ver el cuchillo? Algunas razones:
Esto hace que la defensa contra cuchillo sea mucho más complicada de lo que el común piensa.
Un brazo se mueve aproximadamente a una velocidad de 6,25 m/seg, es decir, tarda alrededor de 0,16 segundos en alcanzar un objetivo que esté a menos de un metro de distancia. Bastante difícil que en ese lapso una persona pueda identificar la agresión, salir de la línea de ataque, agarrar el brazo que porta el arma y aplicar una contratécnica, como se plantea tradicionalmente en la defensa contra cuchillo.
Esta es la razón por la cual una víctima muestra heridas en los antebrazos que algunos llaman cortes defensivos, que no son más que el intento de protegerse escudándose con los brazos (lo único posible de hacer en un lapso de tiempo tan corto).
Distintos informes y reportes policiales, tanto en Venezuela como en el resto del mundo, dejan muy claras las características de los ataques con objetos punzocortantes:
La víctima no es apuñalada una vez, sino un promedio de 15 veces una vez lanzado el primer corte. ¿Por qué? Porque la intención del victimario es matar y mientras más corte, mejor. De hecho, son los últimos cinco cortes los que matan a la persona.
Las agresiones con cuchillo son una arremetida sin pausa con ataques dinámicos, caóticos y que se dirigen a distintos ángulos del cuerpo. Mientras esto sucede, el victimario tiende a avanzar hacia la víctima y agarrarla para evitar que se escape. Esto muy raras veces se aborda en las técnicas de defensa contra cuchillo.
Los ataques con cuchillo son directos, simples y brutales. Varios policías heridos y uno muerto por un campesino con cuchillo en Nicaragua.
El informe Laur corrobora una serie de descubrimientos posteriores sobre la reacción inmediata de funcionarios policiales y ciudadanos comunes víctimas de esta clase de altercados.
Este mismo patrón de conducta lo hemos visto una y otra vez durante escenarios que reproducen situaciones de calle en nuestros cursos, con participantes que van desde novatos hasta expertos en sistemas de combate cuerpo a cuerpo y defensa contra cuchillo:
¿Por qué este patrón de conducta se reproduce una y otra vez? Porque es la reacción que está grabada en nuestro sistema de supervivencia.
Una recomendación común dice que ante un cuchillo lo mejor es sacar un arma de fuego. Esto es cierto, pero hay que tener en cuenta algunos problemas:
Existen múltiples programas para el uso del cuchillo como medio de defensa personal, pero por desgracia la mayoría obvia dos hechos importantes: el desenfunde y el tiempo que tardaría el agresor en caer una vez herido.
Desenfundar un arma de cualquier clase en distancias cortas y en medio de un ataque es no sólo imposible sino descabellado. Un ejemplo: en tiro, desenfundar y disparar en menos de 2 segundos se considera una marca importante; con mucha destreza una persona puede desenfundar un cuchillo y cortar en un segundo. ¿Parece poco tiempo? Calcule que un agresor puede hacer aproximadamente 3 apuñalamientos en ese lapso, mientras la víctima aún no ha logrado sacar su arma.
Por otro lado, generalmente las muertes por corte y apuñalamiento son causadas por la pérdida de sangre, concretamente el 30% (más o menos 1,5 litros). Perder esta cantidad lleva tiempo, sobre todo si los cortes a arterias importantes no son grandes. Mientras esto sucede, el agresor aún está en capacidad de hacer daño.
Este es un tema frente al que muchos expertos en desarmes de cuchillo se horrorizan. Pero los hechos demuestran claramente que enfrentar un objeto punzocortante conlleva más de un 80% de probabilidad de ser herido.
De hecho, los programas modernos de tácticas defensivas enseñados en varios (y respetados) organismos policiales dicen una premisa de la cual nos hacemos eco: el problema no es que lo corten, sino procurar que el corte que le hagan no sea tan grave que le impida luchar por su vida y pedir asistencia apenas tenga la oportunidad. Lidiar con esta idea permite superar la impresión que causa el verse herido y el posterior derrumbe psicológico que termina en actitud derrotista. La mente guía al cuerpo.
La mayoría de las técnicas se inician con el agresor mostrando el arma y fuera del alcance del defensor, algo totalmente opuesto a lo que sucede en la calle.
Muchas técnicas plantean movimientos complejos que no toman en cuenta tres factores fundamentales: la reacción natural de una persona que es agredida, el patrón de ataque en la calle y la dificultad para recordar técnicas complejas en situaciones reales.
Algunos sistemas plantean la necesidad de agarrar la mano que porta el arma. Algo sumamente complicado dada la velocidad a la que se desplaza y extremadamente difícil si hay sangre, ya que actúa como lubricante.
Ataques estáticos: muchos estilos plantean defensa contra un ataque simple de un golpe, luego del cual el agresor conserva la posición congelado. Todo lo contrario a la realidad, donde el ataque es fluido y dinámico.
No considerar el forcejeo por el arma: la mayoría de los desarmes hablan de quitarle al agresor el cuchillo. Quitar el arma implica acercarse lo suficiente para poder hacerlo; al cerrar la distancia, la tendencia es a agarrarse (entrar en clinch), algo bastante peligroso con un cuchillo en manos de alguien que sabe que si lo pierde se muere.
No considerar el antes y después: los desarmes de cuchillo hablan de cómo «quitarle» el arma al agresor. ¿Qué hay de las precauciones necesarias para saber si el otro tiene un cuchillo? ¿Qué se debe hacer inmediatamente después del enfrentamiento? ¿Cómo atender heridas?
El contexto dicta la estrategia y la táctica. En un escenario de violencia callejera inciden alrededor de 30 variables distintas (topografía, participantes, rutas de escape y otras) que en muchos casos tienen mayor peso que la técnica. Esta visión completa del problema raras veces es introducida en entrenamientos tradicionales.
Preparación psicológica: usar un cuchillo es emplear (y arriesgarse a padecer) fuerza letal. Algo con lo que no es nada fácil lidiar.
Sería extremadamente irresponsable explicar aquí cómo manejar técnicamente este problema, pero podemos adelantar algunos consejos de sentido común:
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