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Cuando la realidad golpea a la seguridad con un balde de agua sucia

Cuando la realidad golpea a la seguridad con un balde de agua sucia

Admito que la foto no está bien tomada, así que la describo.

Eso que señala la flecha es líquido compuesto por materias fecales, agua de inodoro y otras sustancias que están siendo arrojadas por un influencer contra el trabajador de una cadena de tiendas.

Se trata de un reto que recientemente se hizo viral en mi país. Con más de 1.2 K mirando y aplaudiendo en tiempo real.

Y con casos como éste las gerencias de Seguridad acaban de encontrarse con una amenaza que no aparece demasiado en los manuales:

Personas que vandalizan instalaciones o atacan trabajadores simplemente porque hacerlo genera contenido.

Debo aclarar que no conozco qué medidas tenía implementadas esta empresa, si existieron señales previas ni si este incidente era razonablemente anticipable. El caso me interesa por otra razón: obliga a preguntarnos qué capacidad tienen hoy las organizaciones para detectar amenazas que comienzan a formarse fuera de su perímetro físico.

Todo por un like

Retos virales, convocatorias espontáneas, exposición de información, campañas de hostigamiento: parte de la amenaza física contra una organización puede comenzar hoy en entornos que no siempre forman parte del radar habitual de Seguridad.

En otro artículo hablábamos de esto respecto a la protección de directivos, pero esta vez abordamos otra arista del fenómeno.

Actos como estos demuestran varias cosas que salen de lo convencional:

  1. Una organización no necesita hacer algo malo para ser blanco del ataque.
  2. Tampoco necesita estar viviendo una crisis de RRPP para exponerse a ellos.
  3. A veces basta con ser visible, accesible y útil para generar contenido.

Y lo evidente: cuando un sujeto voltea sobre un empleado un balde de materia tóxica, descubrimos el significado real de inteligencia preventiva.

¿Podíamos haber sabido que algo estaba pasando antes de que llegara a nuestra puerta?

Ahí comienza a cambiar la conversación.

Los ojos pueden llegar antes que las cámaras

Este no es un caso aislado, pero demuestra la necesidad de desarrollar mecanismos de alerta temprana que en otra época no eran posible ni necesarios.

Más cámaras, más vigilancia o controles de acceso pueden seguir siendo necesarios. El problema es que todos trabajan principalmente sobre algo que ya llegó al terreno. Hablo de un paso previo, porque si me entero del problema cuando ya tengo una turba de sujetos en mi terreno, probablemente llegué tarde.

Este caso muestra una interfaz que las organizaciones pueden explotar mucho mejor: seguridad y comunicaciones necesitan compartir señales.

Acciones vandálicas como estas se hacen posible porque agarran momentum, la gente se entera porque se comienza a hablar de ellas. Pero si la gestión comunicacional de la empresa se reduce a un gesto unidireccional de mensajes publicitarios a la vieja escuela, estas cosas pasan por debajo del radar. Si sólo le hablo a mi entorno para venderle algo, dejo de escuchar.

Y escuchar es algo que dos partes de la empresa pueden hacer perfectamente bien:

Quien gestiona redes sociales conoce el ecosistema digital de la organización. Ve comentarios, tendencias, menciones, conversaciones y cambios de tono que pueden parecer irrelevantes desde Mercadeo, pero no necesariamente desde Seguridad.

Y hay otro sensor distribuido por toda la empresa: los propios trabajadores.

En prácticamente cualquier organización hay personas que consumen TikTok, Instagram, X, Telegram y otras plataformas. Pueden encontrarse con una señal antes de que esa información llegue formalmente a Seguridad.

El problema es que muchas veces no hay criterio común sobre dos puntos que son clave en inteligencia de alertas:

  1. Saber hacia dónde mirar, y en este caso a quién seguir. Tarea de quien gestiona las comunicaciones.
  2. Saber qué reportar, aunque parezca una señal de alerta débil, que es tarea de toda la organización.

Muchas crisis no avisan de forma clara. Dejan señales. El problema es que alguien las vio y no sabía que importaban, o no sabía a quién reportarlas.

Y cuando una organización sólo puede ver la amenaza una vez que aparece frente a sus cámaras, quizás ya perdió una parte importante del tiempo disponible para responder.

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