Nuevos escenarios en Venezuela y por qué creo que nuestra gestión de seguridad se va a complicar más

No vengo a venderle nada, querido colega, sólo a añadirle algo más qué pensar para sus noches de insomnio, especialmente si trabaja en Venezuela o tiene planes de hacerlo.

Aeropuerto Internacional de Maiquetía, un día de semana: Comienzan a llegar vuelos de sitios que ya dábamos por lejanos y perdidos, no se bajan del avión turistas, sino gente de saco y corbata, maletín y paso apurado que abordan camionetas con cartelitos.

No llegan a posadas, sino a hoteles ejecutivos. Se reúnen, inspeccionan, sacas cuentas, vuelven a reunirse y se van como vinieron, en ese remolino de proyectos y expectativas en que se está convirtiendo Venezuela.

Y en alguna esquina hay un gerente/supervisor de seguridad que suspira aliviado.

“Todo se dio sin novedad”.

Hasta ahora.

La nueva ola

Se habla de reactivación, inversiones en sectores estratégicos, inyección de divisas, levantamiento de sanciones y dinamización de la economía. Parece ser que si todo luce como va, el país irá retomando su posición en la región como eje económico y comercial.

Esto es bueno ¡Muy bueno! Pero va a plantearle nuevos retos a los líderes de seguridad en las empresas. Problemas que veo venir repotenciados:

Amenazas los trabajadores: empleados, socios y directivosAmenazas contra la organización
AtracosExtorsión
SecuestrosSabotaje
ExtorsionesRobos
BullyingHurtos
EscracheAtentados
DifamaciónEspionaje
Violencia laboralInfiltración
AcosoRiesgo reputacional
RiñasConflictividad laboral Conflictividad institucional
SicariatoCiberdelito
EstafasLavado de dinero

¿Por qué?

Por tres variables, para ser específicos, que creo van a influir en la lista de amenazas descritas arriba para amargarnos un poco las cosas:

  • Variable económica
  • Variable Criminal
  • Variable social
  • Y un síndrome que llamo el del Gigante Inmaduro

Variable económica: la víctima repotenciada

Al momento de escribir esto leíamos una nota del BCV que afirmaba que la inflación mensual en Venezuela (abril 2026) pasó de 14% a 10% y que se cree seguirá desacelerando. Adicional, se espera un incremento en el flujo de divisas por vía petrolera y varias inversiones en materia energética que se cree dinamizará toda la cadena de suministros y servicios alrededor de ella.

No soy economista, pero podemos estar de acuerdo en algo:

  • Iremos viendo en el tiempo el surgimiento de un ciudadano con mayor poder de compra.
  • Organizaciones con mayor capacidad de inversión.

Pero lo que adicionalmente leemos desde la perspectiva de seguridad es el surgimiento de víctimas repotenciadas: personas y organizaciones que vuelven a ser atractivas como botín. No vemos imposible el resurgimiento de delitos asociados a la ganancia fácil y rápida como atracos, algunos tipos de extorsiones, estafas, hurtos, etc.

Por otro lado, organizaciones con mayor capacidad de inversión nos plantean dos retos: Mayor impacto en su ecosistema de negocios – lo cual no siempre es fluido o libre de conflictos -, pero también mayor exposición y visibilidad al delincuente. Para muestra basta mirar cómo empresas de alto perfil en Latinoamérica son atacadas por organizaciones criminales.

Más dinero, más gente interesada en llevárselo.

La variable criminal: vuelta a la patria

El tiempo dirá si ese tercio de la población que se fue vuelva al país. Pero hay que ser muy ingenuos para creer que los únicos que están pensando en volver son los inversionistas.

El asunto es que no sólo estaremos importando delincuentes, sino un nuevo know how que nos estará despertando de sopetón en esta nueva realidad de la criminalidad latinoamericana: Bandas trasnacionales, con procesos organizacionales y criterio corporativo, buscando dominio de territorios, altamente especializadas, con capacidad de infiltración, dinero y poder de fuego muy superior a lo que cualquier equipo de seguridad corporativa pueda soñar.

Esto adicional a la banda de delincuentes de oportunidad a la caza de ese empleado con poder adquisitivo renovado.

El segundo aspecto el desmontaje que se ve venir de estructuras, sindicatos, grupos y colectivos criminales que no van a tener espacio en este país 2.0 y que ha sido una de las condiciones de mucho capital privado para asentarse en estas tierras. A esto se le suma la depuración de organismos de seguridad del Estado que ya más temprano que tarde llegará.

La experiencia nos ha enseñado que ambos fenómenos de fragmentación y depuración influyen en mayores índices de criminalidad y violencia en una primera fase. Dependerá mucho de cuál será la política de seguridad pública de las autoridades que estén a cargo para ese momento, pero serán tiempos intensos, sin ninguna duda.

Variable social: otra cosa, pero más compleja

Venezuela está en la transición institucional a un nuevo modelo político y de pacto social. Qué forma final tendrá no lo sabemos, pero lo cierto es que las transiciones llevan consigo una buena dosis de incertidumbre y conflictividad.

Esta fricción ya se siente y el observador hábil notará cómo está permeando incluso las interacciones más sencillas entre ciudadanos, la viralidad furibunda con la que se denuncia y se ataca lo que se considera injusto o abusivo, pero también cómo responde en consecuencia el blanco de esos ataques.

Estamos en un momento de toma y dame: la calle se calienta, la gente tolera menos, incluso en sus relaciones personales y laborales. Para muestra cómo se han incrementado fenómenos como riñas, escrache social y crímenes pasionales, por citar algunos de los delitos cuyo combustible es la ira.

En organizaciones que van a crecer en tamaño y cantidad de personas involucradas, estas interacciones humanas van a crecer y hacerse más complejas, va a tocar aprender a gestionar el conflicto puertas adentro y el gerente de seguridad avispado deberá aprender a ver venir los conflictos antes que le exploten en la cara. Al final, la empresa no puede estar aislada del clima país.

El Síndrome de Gigante Inmaduro: cuerpo grande, cabeza pequeña

El asunto es este: Venezuela se está convirtiendo en un ecosistema de empresas que están creciendo, pero con procesos basados en su época de pequeñas organizaciones. Esto es típico en negocios familiares que crecieron y emprendimientos que lograron surgir dentro del país.

Muchos de estos pequeños negocios que hoy son grandes gracias a que ocuparon mercados que otros abandonaron, están viendo en esta fase la posibilidad de crecer aún más; banca, servicio, cadenas de tiendas, transporte, por citar algunos de los más visibles. La pregunta que me hago es si sus procesos, protocolos y sistemas de seguridad crecieron a la par.

A los gigantes inmaduros se les suma los gigantes dormidos, esas grandes corporaciones que redujeron su operación al mínimo y ahora están recibiendo el corrientazo para reactivarse.

Esa vuelta de una pequeña oficina comercial a una infraestructura de oficinas administrativas, almacenes, fábricas y rutas logísticas va a obligar no a desempolvar todo, sino actualizarlo. El fenómeno delictivo latinoamericano cambió y hay que entenderlo.

La época en que era suficiente con un supervisor y sus dos vigilantes, el señor Juan que desde hace 30 años le maneja al dueño del negocio y el parquero de la esquina, está llegando a su fin.

Si este fuera un informe para una organización criminal, la conclusión sería simple:

Venezuela es un mercado atractivo en expansión,
con empresas que están creciendo…
pero aún son vulnerables.

Pero como este es un mensaje para gerentes de seguridad, lo resumo distinto:

Póngase los patines que esto ya arrancó.

Entender lo que viene es la parte fácil.

Prepararse es lo medianamente difícil.

Convencer a la organización antes de que el problema llegue…
esa es la parte compleja.

Pensando en eso, desarrollamos este curso gratuito: Comunicación en Prevención para Gerentes de Seguridad.

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