Las armas del sexo (supuestamente) débil
Marta caminaba con su bolso al hombro, un día normal entre muchos otros a no ser por el depredador que comenzó a seguirla. La cosa empezó con piropos y rápidamente escaló hasta llegar a intentos de contacto físico en los que el sujeto le decía que no fuera tan arisca. A Marta se le dispararon
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